Opinión

A contraluz

Gobierno catastrófico

Haroldo Shetemul

Haroldo Shetemul

Han trascurrido diez días desde la erupción del Volcán de Fuego y aún no se observa una acción efectiva y coordinada del gobierno para mitigar el drama de los damnificados. Tenía que pasar este lamentable hecho para que confirmáramos que el presidente Jimmy Morales y su gabinete son una ficción, una comedia, que solo funcionan cuando les conviene, pero no pueden afrontar una situación de emergencia porque se pierden. ¿Dónde está el mandatario llamado a ser la voz de la unidad nacional y que debería encabezar un programa nacional de asistencia para los damnificados? La última vez que se le vio fue el 6 de junio, en medio de la tragedia, cuando fue a Nueva Santa Rosa a inaugurar un tramo carretero. Después se hizo humo.

Desde su llegada a la Presidencia, Morales ha hecho estragos en la administración pública. Se sabe que colocó a gente sin mayor capacidad en la Conred como parte del clientelismo político y los resultados están a la vista con esta catástrofe. Para este desastre no hubo el más mínimo sentido del grave peligro que afrontaba la población que vivía en las faldas del volcán y fue dejada a su suerte. Pudo más el sentido común de la gerente del Hotel La Reunión que evacuó a los huéspedes a tiempo que los expertos de la Conred, que reciben un sueldo para atender estas urgencias. Culpar después a los vecinos por no ponerse a salvo es algo sin sentido, digno de un gobierno que no tiene pies ni cabeza.

Las autoridades aseguran que en la tragedia murieron 110 personas y están desaparecidas otras 197. Sin embargo, en la entrada de El Rodeo una valla señala que esa comunidad era habitada por ocho mil 500 personas, mientras que el Instituto Nacional de Estadística informa que en esa localidad y San Miguel Los Lotes había un total de dos mil 345 personas. Si ambas comunidades fueron arrasadas es muy probable que bajo la lava, la ceniza y el barro quedaran muchas más víctimas mortales que las oficialmente reportadas. Este hecho también evidencia cómo las autoridades municipales no tienen registros de los habitantes que viven en sus jurisdicciones, ni siquiera un control catastral para conocer qué viviendas están en áreas de riesgo. Se trata de una ausencia del Estado en materia de servicios y de capacidad de prevención.

Si no hubiera sido por la solidaridad popular, los damnificados estarían sin mayor asistencia. Ha sido el apoyo de personas, familias y empresas las que han hecho fluir alimentos, ropa y medicinas para mitigar las penas de quienes perdieron todo. La canciller Sandra Jovel demostró cuánta falta de humanidad existe en este gobierno porque tardó varios días en hacer el llamamiento para solicitar ayuda internacional, después de conocerse cómo se bloqueaba la asistencia que procedía de El Salvador y México. Jovel respondió con un cínico: “No vamos a llorar sobre la leche derramada”, cuando se le cuestionó por la tardanza en emitir el llamado, lo que dibujó en cuerpo entero su falta de sensibilidad.

¿Qué va a pasar con los damnificados y la búsqueda de sus seres queridos? Algunas personas se han adentrado a la zona de desastre para tratar de dar con los restos de sus familiares, sin mayor apoyo de las autoridades. Otro tanto ocurre con los albergues, donde se ha denunciado la falta de servicios básicos. Ese es el caso del refugio ubicado en el Instituto Simón Bergaño y Villegas, Escuintla, donde hay 312 adultos y 242 menores. Señalan problemas de hacinamiento, falta de agua, inodoros sucios y basura acumulada que lleva olores fétidos. ¿Cuánto tiempo van a pasar en esa situación desesperante, sin que se conozca un plan para proporcionarles vivienda en lugares seguros? El presidente Morales parece que decidió seguir la política de esconder la cabeza en un agujero y desentenderse del auxilio a las víctimas de este desastre.