Opinión

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Grupo semilla: ¿enfrentar a los extremos?

Manuel Villacorta

Manuel Villacorta

Una de las principales características de nuestra cultura nacional es la intolerancia. Somos una sociedad que estipula ideas y conceptos intransigentes que determinan generalmente conductas radicales. El diálogo, la discusión, la negociación e incluso el acuerdo, no son prácticas comunes en nosotros. La tolerancia —práctica cultural que implica un proceso educativo cuidadoso y  meticuloso— implica el respeto a las ideas y a las acciones ajenas. La tolerancia se basa en la aceptación de que no todos somos iguales. En Guatemala, la radicalidad intolerante nace en el seno de las familias, se impone en las escuelas y la fundamentan las instituciones. Ciertamente hay explicaciones sociológicas e históricas que definen lo anterior: fuimos una colonia sometida a la imposición, hemos vivido dictaduras conservadoras y liberales, regímenes militares autoritarios y una farsa democrática que esconde en sus entrañas el poder concentrado en unos pocos que se impone ante la impotencia de las mayorías.

Una de las manifestaciones más contundentes de la intolerancia radica en la política. No se busca convivir e incluso competir contra aquellos que poseen ideas diferentes, se trata de buscar el aplastamiento total del “opositor” mediante cualquier recurso disponible. El caso del Grupo Semilla es ejemplificador. Surge bajo el liderazgo de cuadros de izquierda democrática vinculados con el ideario socialdemócrata. Desde su surgimiento, el grupo ha sido acosado por manifestaciones extremas y radicales. Mario Roberto Morales ligó a este grupo con la cooperación internacional, calificándolo como la “izquierda rosada” de Guatemala. La Fundación contra el Terrorismo, ubicada en el extremo contrario, califica al grupo como un proyecto siniestro y como avanzada del “comunismo internacional”. Ambas posiciones además de radicales son extremadamente negativas.

El caso mencionado se constituye como un claro ejemplo de la intolerancia política que existe en el país. Ciertamente el movimiento referido ha carecido de una posición pública más contundente, lo que lo ha dejado en franca desventaja, básicamente porque su respuesta a las imputaciones ya expuestas ha sido, en el mejor de los casos, débil y poco convincente. Dos de sus principales cuadros —Edelberto Torres y Alberto Fuentes— se han desmarcado del grupo, al menos públicamente esa es la percepción que se posee. No obstante existe en el Grupo Semilla un liderazgo joven que está trabajando arduamente y contra toda adversidad. Su principal desafío es hacer política diferente al interior de un sistema dominado desde siempre por la partidocracia corrupta. Tres aspectos se instituyen como principales desafíos para el grupo: la ausencia de recursos financieros suficientes que en política son imprescindibles, la incorporación de cuadros experimentados que logren articular su capacidad con la energía que generan los cientos de jóvenes ya ligados al movimiento, y tercero, enfrentar un sistema que les niega desde ya su derecho a manifestarse políticamente porque “eso es ilegal mientras no se convoque a elecciones generales”. Muy diferente es expresar el marco programático de un partido a realizar una campaña electoral. En ello el TSE tiene una responsabilidad inmensa y debe manifestarse con una posición firme, porque caso contrario se estaría perfilando el mensaje de que esa institución forma parte implícita del actual régimen político nacional: funesto, corrupto y responsable directo de la grave crisis nacional que vivimos todos los guatemaltecos. Nos urgen nuevas organizaciones políticas, Grupo Semilla ya hizo su aporte.

manuelvillacorta@yahoo.com