Opinión

Tierra nuestra

Guatemala frente a la era Trump

Manuel Villacorta

Manuel Villacorta

El triunfo de Donald Trump y la institución de un nuevo gobierno en Estados Unidos generó especulaciones en Guatemala; la mayoría precipitadas, y en otros casos tendenciosas. Se evidenció la incapacidad para recurrir al sentido de abstracción. Se entiende como sentido de abstracción la capacidad que tiene una persona de renunciar a su ideología en forma temporal, mientras realiza un análisis específico, tratando de que la objetividad de una realidad determinada se preserve sin el sesgo personal. Para muchos la interpretación de la historia o de una coyuntura política, desafortunadamente, depende de intereses personales o sectoriales, lo que altera la objetividad y distorsiona la percepción. Trump implica para quienes poseen objetividad histórica un radical cambio de época, se simpatice o no con él. Trump es un tsunami geopolítico que va mucho más allá de una secular disputa entre conservadores y demócratas estadounidenses.

La era Trump implica para nuestra región el surgimiento de un nuevo modelo económico internacional, la implementación de un sistema de seguridad más rígido y la redirección en la función de nuestros Estados desde lo político-gubernativo-institucional. De ello nace la Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte. Considero que las fracciones del poder fáctico nacional no han tenido el alcance para comprenderlo, quizá por su indiferencia hacia el estudio metodológico, por su rutinaria opacidad de ver la realidad o por prestar demasiada atención a las teclas de sumar y multiplicar de sus calculadoras.

Desde mi percepción científica y social, creo que hay aspectos urgentes que las fracciones del poder local deben considerar en este inédito cambio de era. La lección incluye cuatro capítulos, pocos pero de insospechables consecuencias si no se aprenden. 1. La necesaria depuración del Estado para desterrar las prácticas corruptas, la cooptación y la impunidad. 2. Ajustarse a la ley para evitar la promoción de inversiones conflictivas. 3. Responsabilizarse y comprometerse para evitar el potencial colapso de la economía nacional. 4. Estar conscientes respecto a que el alarmante auge de la pobreza y la potenciación de las demandas sociales solo se combaten con justicia social y políticas públicas efectivas, basadas en una aceptable y justa recaudación fiscal.

Un breve análisis deductivo nos llevaría a lo siguiente: tenemos graves problemas sociales, provocados por la ausencia de políticas públicas exitosas, ausencia que se explica por la inexistencia de un Estado (Gobierno) transparente, eficiente y democrático. El desafío ahora es construir ese Estado en medio de la peor crisis socioeconómica de nuestra historia. El día que ricos y pobres, indígenas y mestizos, izquierdistas y derechistas, pactemos unánimemente por la construcción de nuestro Estado como eje transversal y articulador de todas nuestras demandas y objetivos, habremos dado un paso histórico extraordinario. Superaremos nuestras contradicciones o diferencias por medios democráticos, sometidos a un Estado de Derecho que garantizará la preservación de todos nuestros intereses en general.

Pero aunque se produjese el milagro y todos aceptásemos lo planteado, vale agregar que ya es tarde, estamos muy rezagados. ¿Habrá entonces una nueva clase política responsable y audaz que interprete lo anterior y nos salve a todos del naufragio? Esperemos que sí, porque después de todo, como lo expone el principio aristotélico, la fe empieza cuando termina la razón. Porque ante una realidad tan convulsa como la nuestra, además de experiencia, audacia y voluntad, necesitamos tener fe, abono pródigo para la construcción de esa nueva y mejor Guatemala, a la que todos aspiramos.

manuelvillacorta@yahoo.com