Opinión

Aleph

Guatemala, la izquierda y la derecha

Carolina Escobar Sarti

Carolina Escobar Sarti

La frase “nos reservamos el derecho de admisión” ha sido la consigna apocalíptica de un Estado guatemalteco en el cual se ha impedido el acceso de millones de personas, por generaciones, a la educación, la salud, la movilidad social, y a una vida digna. En un siglo XXI que anuncia carros eléctricos y cyborgs como en el siglo XX se anunciaron las hamburguesas y el viaje a la luna, Guatemala parece apenas salir —con fórceps— de la Colonia, en dirección a la modernidad.

No voy a nombrar de nuevo los rezagos que Guatemala padece en comparación con el resto del mundo, sabiendo que todos los días, los datos y cifras de nuestra vergüenza nos revientan en la cara. Diré, nada más, que la realidad de millones de personas en este territorio huele a miseria secular, a opresión, a injusticia, a exclusión, a marginación, a ultraje, a odio, a caridad y a abusos de poder. Por aquí huele mucho a corrupción y podredumbre y, desde el 2015, las cloacas abiertas han dejado salir una hediondez insoportable.

En el trazo de este relato, sobre todo a partir de la impregnación de la Guerra Fría en nuestro territorio, surgen con fuerza hace varias décadas, los conceptos de izquierda y derecha, herederos de la Revolución Francesa. Si en algún momento estos catecismos ideológicos sirvieron para analizar y definir las posiciones y programas políticos de personas y grupos, hoy sus referentes no nos alcanzan para explicar nuestra realidad. Hemos probado que el mundo no es tan estrecho; que los buenos no eran solo buenos y los malos no eran solo malos; que el idealismo, el pragmatismo y el materialismo convergen y se mezclan en muchos puntos de los programas políticos y de las relaciones en sociedad de nuestros países. ¿Todos los de derecha son explotadores y todos los de izquierda, vividores? ¿Todos los de izquierda son altruistas y todos los de derecha, egoístas? ¿Todos los de derecha son capitalistas y todos los de izquierda son comunistas? Estas son clasificaciones útiles para mentes de corto alcance.

Las derechas se maquillan hoy de populismo para ganar adeptos en “el pueblo”, y las izquierdas moderan sus discursos para congraciarse con los sectores que tienen dinero y poder. Mecanismos de sobrevivencia. Hipocresía aparte, en nuestras vidas cotidianas elegimos una serie de referentes de todos los espectros. Somos la conjunción de muchas ideas y formas de vida, sin siquiera saberlo. Y no nos alcanzan los recetarios de izquierda y derecha de hace dos siglos, defendidos hoy sin suficiente fundamento o resignificación, para explicar una Guatemala tan llena de complejidades como la nuestra. Izquierda y derecha, comunista y capitalista, son definiciones reduccionistas, útiles comodines para quienes insisten en sostener viejos órdenes. ¿Nos estamos quedando sin ideas? ¿ O somos todos dictadores debajo de nuestra epidermis? ¿Nos toca resignificar las ideas de antes y de hoy para responder, desde la ética, a este tiempo en el cual la tecnología, la política y la economía definen cambios constantes?

La realidad superará siempre los marcos ideológicos fijos, y quizás el peor resabio de nuestra guerra haya sido que nos partió en dos, y nos instaló en el filo del miedo al otro y a la otra. Nómbrese usted como quiera, porte las banderas del humanismo, el liberalismo, el marxismo, el agnosticismo, el capitalismo, la robótica, los derechos humanos o el veganismo. Pero piérdale el miedo al otro y a la otra, porque nos toca hacer a Guatemala. Paralelamente, vayamos pensando y actuando como si anheláramos una democracia donde las personas conviven, se realizan, ejercen la solidaridad y la libertad, el respeto, la responsabilidad y usan su imaginación. Esto pide pensamiento independiente, en el marco de un horizonte colectivo. No queremos personas neutrales, pero sí racionales y desprejuiciadas, que sin emotividad e intereses sectoriales, quieran volver a imaginar y hacer a Guatemala. Y eso no se puede hacer desde las gavetas.

cescobarsarti@gmail.com