Opinión

LIBERAL SIN NEO

Heredó su país a su hermano

Fritz Thomas

Fritz Thomas

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Fidel Castro

No me contaron sobre Cuba, la viví desde un ángulo muy especial. Conocí Cuba en 1993, pocos años después del colapso de la Unión Soviética y el fin de su subsidio a la isla. Una amiga mexicana, Carolina Bolívar, directora del Instituto Cultural von Mises, en el D.F., obtuvo una invitación de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de La Habana, para realizar una visita académica. Carolina me invitó a acompañarla, junto con dos colegas mexicanos, para pasar 10 días de cátedra y discusión con un grupo de profesores y estudiantes de la Universidad de La Habana. Participaron las autoridades de la Facultad, una decena de catedráticos e igual número de estudiantes. El formato que usamos giró alrededor de la serie de videos Libertad de elegir, de Milton Friedman. Cada mañana veíamos un video sobre un tema particular y luego teníamos una larga discusión abierta. Por la tarde dirigía una clase y dialogaba con estudiantes y profesores.

Tuvimos largas horas de discusión, con la atenta presencia de orejas. Profesores y estudiantes dependían para su supervivencia de la boleta de abastecimiento extendida por el gobierno. Sin boleta no se comía, lo que me subrayó cómo es que un pueblo tan noble podría ser tan sumiso. Los primeros días de nuestras discusiones, los profesores defendían la revolución y se declaraban marxistas leninistas, pero poco a poco se fue derrumbando la superficialidad y afloraba el profundo descontento. En grupos pequeños y en conversaciones uno a uno, se evidenciaba el ansia por la libertad, oportunidad y otro modo de vida.

Con dólares se podía comprar de todo, con pesos cubanos, nada. A un abogado le resultaba más rentable manejar un taxi de turismo y una joven con maestría en ingeniería química ganaba más saliendo a bailar una vez por semana con algún turista que los ingresos que obtenían ella y su familia en sus empleos. Me lo resumió un niño que me acompañó de paseo en el malecón: “mi país no es para mí, es para los turistas”. Una propina de US$10 a la camarera en el hotel, después de diez días de limpiar mi habitación, provocó una carta de agradecimiento de dos páginas. Lindas personas y bellas playas, pero a mí me quedó claro que no querría vivir en una sociedad como esa.

No hay duda de que Fidel fue un gran líder, pues ejerció el control sobre la vida de muchas personas y destacó como una súper estrella, conocida alrededor del mundo. No lo admiro, considero que fue un líder negativo. Allá abajo no compartirá habitación con Stalin y Mao, pero estará en el mismo edificio. Comparto lo dicho por Andrés Oppenheimer. ¿Valiente Fidel? En medio siglo con el control total del poder, nunca se atrevió a someter su liderazgo a una elección o voto popular. Nunca permitió una prensa, radio o televisión independiente. Nunca permitió que los ciudadanos cubanos pudieran producir y comerciar para superarse; ejercía el control con el terror y la violencia y mantenía a la población en obediencia y total dependencia del favor del Estado.

El contraste de dos titulares del diario El País resumen el romance con Fidel. En el caso de un dictador, el titular fue: “Muere Pinochet sin responder por sus crímenes ante la justicia”. Esto a pesar de que Pinochet le heredó a su país las condiciones para construir el país más próspero de Latinoamérica, luego de entregar el poder tras perder una consulta popular. Para otro dictador, el titular dice: “Muere Fidel Castro, símbolo del sueño revolucionario”. Le heredó a su país a su hermano Raúl.

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