Opinión

LA BUENA NOTICIA

Jesús enseña a orar

Mario Alberto Molina

Mario Alberto Molina

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Oración

Jesús hacía oración. La convicción de que Jesús es Dios es tan prominente que nos cuesta creer que él también orara. Tanto le oramos a él, que nos resulta sorprendente verlo orando a él. Pero el evangelio nos dice en plurales ocasiones que Jesús se retiraba a orar a lugares solitarios, o que pasaba la noche en oración. ¿Cómo se explica que Jesús, a quien los cristianos confesamos como Dios, también orara? ¿A quién le oraba Jesús?

La oración de Jesús es expresión del modo de ser de Dios, que conocemos por la misma experiencia de Jesús y el testimonio bíblico. El Dios uno y único existe como trinidad de personas, dos de las cuales se relacionan entre sí como Padre e Hijo. Jesús es el Hijo hecho hombre del Padre Dios. El mismo Jesús introdujo esa manera de hablar y así lo consignan los evangelios. Si lo pensamos bien, lo más natural es que un hijo hable con su padre. Si Jesús es el Hijo del Padre Dios, es de esperar que la comunicación eterna entre el Padre y el Hijo continuara también durante el tiempo en que el Hijo vivió como hombre en la tierra. Orar es lo más natural que podía hacer Jesús el Hijo en relación con Dios su Padre.

Esta breve exposición teológica explica el sentido de la oración de Jesús. Los discípulos de Jesús, cuando le veían orar, le pidieron que les enseñara a orar. No se trataba de la simple solicitud de una oración nueva. Los discípulos de Jesús, judíos piadosos, oraban. Pero al ver y oír a Jesús orando, descubrieron una nueva realidad. Jesús no se dirigía a Dios como un hombre más. Mientras oraba, Jesús expresaba su identidad de Hijo ante el Padre Dios. Los discípulos le preguntaron si ellos podían orar a Dios como él, como Jesús. ¿Podían orar de modo que su oración fuera expresión de una nueva identidad, para que de algún modo ellos pudieran ser también hijos de Dios?

Jesús, por supuesto, les enseñó a rezar el Padrenuestro. Es decir, Jesús los autorizó para que llamaran a Dios con el mismo apelativo con que él lo llamaba. Al hacerlo, Jesús enseñó a sus discípulos que es posible entrar en una nueva relación con Dios. No solo la de criatura al Creador, sino la del hijo al Padre. Esta nueva relación se establece por el bautismo, que nos transforma en hijos adoptivos de Dios. Pero quien llama a Dios “Padre” en la oración, por fuerza se identifica también como “hijo” suyo. La oración cristiana anticipa en unos casos y actualiza en los otros la identidad de hijos que se adquiere en el bautismo. La oración cristiana no se orienta primariamente a pedir cosas, aunque de hecho pida “danos hoy nuestro pan de cada día”. Se trata de una oración cuya efectividad principal consiste en poner de manifiesto la identidad de hijos de Dios a la que estamos llamados.

Los creyentes cristianos muchas veces olvidamos o incluso ignoramos esta dimensión de la oración. Sin embargo, en estos tiempos de búsqueda de identidades firmes, muchas personas anhelan una referencia sólida y una identidad liberadora para sus vidas. Es oportuno recordar que la oración “en cristiano” ofrece al que ora una identidad duradera, la de hijo de Dios.

mariomolinapalma@gmail.com