Opinión

Imagen es percepción

Jimmylandia

Brenda Sanchinelli Izeppi

Brenda Sanchinelli Izeppi

Jimmy Morales ha finalizado la primera mitad de su administración y la percepción general es que este funcionario ha mostrado una gestión estéril e inútil para resolver los problemas estructurales del país. De hecho, los índices de aprobación a su trabajo están por los suelos.

El presidente ha causado una gran decepción al pueblo guatemalteco, que está desanimado por la insipiente corrupción, las alianzas oscuras que generan un ambiente político inestable y el estancamiento económico en que se encuentra el país. El outsider que prometía un cambio y una política diferente resultó más podrido que los políticos tradicionales que han destruido al país en las últimas décadas.

Hasta hoy sigue siendo un gran misterio cuál es el plan de trabajo que el outsider ofreció, si es que ofreció algo… y más aún si existió alguna vez tal plan, o si simplemente esta persona llegó al poder de chiripazo, porque es común que en nuestro país tropical y bananero siempre ganen los peores. El pueblo que votó por Jimmylandia y su mundo de eterna fantasía ya no se cree hoy el cuento de “ni corrupto ni ladrón.”

La población se llevó un gran fiasco, está decepcionada porque considera que el presidente Morales no ha sido, ni será, capaz de ejecutar las acciones necesarias para sacar al país adelante. Primero, porque no tiene la capacidad para hacerlo, tampoco la personalidad y el liderazgo para gestionar los procesos que se necesitan. Él es una persona limitada y fácil de manipular que no ha demostrado el interés de emprender un verdadero cambio en nuestra nación.

A estas alturas ya nadie puede justificarlo diciendo que es cuestión de tiempo, más bien la oportunidad de servir a su patria se le acabó y no hizo nada. Hoy el país sigue a la deriva y peor que nunca, porque los pocos avances que se habían logrado en cuanto a transparencia, Morales se ha encargado de entorpecerlos y además no ha sido capaz de liderar un combate frontal contra la corrupción como lo había prometido; por el contrario, ha sido una piedra en el zapato.

El presidente no ha podido tomar decisiones que puedan aliviar para nada la crisis, pero en cambio es especialista en pronunciar discursos, donde pareciera que está refiriéndose a otro país que no es Guatemala, es Jimmylandia.

El discurso que pronunció en su informe anual fue inerte, como su propia gestión lo es. No cabe duda de que al presidente se le ha subido el poder y el dinero a la cabeza. Ni siquiera habla de las precarias condiciones de vida en el que está la mayoría de la población, la violencia extrema que cobra las vidas de cientos de guatemaltecos a diario, incluso la de niños inocentes que han sido asesinados por balas perdidas.

¿Por qué no habló en su discurso del caos de nuestro sistema de salud, y cuál es su plan para resolver esta crisis? Jimmy come y bebe muy bien los tres tiempos de comida, talvez por eso no se le ocurre que hay miles de niños que están sufriendo desnutrición crónica. La gente no tiene ni siquiera para comer, porque no hay trabajo. Pero Jimmy gana uno de los sueldos más altos de toda América.

¿Cuál era el mensaje entre líneas que pretendió dar al pueblo? Posiblemente que él está tranquilo, orgulloso de sus acciones y trata de vender su Jimmylandia, pero hoy, señor Morales, nadie le cree. ¡Qué tristeza! Discursos y actitudes incoherentes de parte de los funcionarios públicos, solo aumentan la decepción y el rechazo generalizado hacia el gremio politiquero.

Guatemala está sangrando, porque aquí no hay ni pan y ni siquiera un buen circo. Solo payasadas, mentiras y manipulaciones. La gente quiere empleos, educación, seguridad, salud y comida sobre su mesa, y no un discursillo vacío que no sirve para nada.