Opinión

Catalejo

La agitada segunda semana de mayo

Mario Antonio Sandoval

Mario Antonio Sandoval

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Mario Antonio Sandoval

La semana entre el 7 y el 13 de mayo fue una de las más agitadas de este año, y eso ya es decir mucho. Hubo tres asuntos dignos de ser comentados. El primero fue la petición de la canciller Sandra Jovel a Suecia y a Venezuela para el retiro de sus embajadores, Anders Kompass y Elena Salzedo, respectivamente. Este caso demostró de nuevo la incapacidad de la canciller guatemalteca, quien ignoró o no sabe cuál es una de las principales características de la diplomacia: la discreción. Al hacerlo público en una apresurada conferencia de prensa, de hecho –aunque ella lo niegue— todo se volvió una virtual declaratoria de non grato. El país nórdico respondió con un escueto comunicado para pedir explicaciones  y el sudamericano no ha respondido hasta el momento de escribir este artículo, el domingo por la tarde.

Pronto, detractores de la Cicig intentaron esparcir la versión de un pasaje falso sobre Kompass cuando era funcionario de Naciones Unidas de derechos humanos en la República Centroafricana, cuando la polémica ocurrió al denunciar abusos de fuerzas de paz en ese país. El sábado por la noche se conoció un cable de AFP en el cual el ejército colombiano rechazaba la falta de una condena por el asesinato terrorista de guerrilleros contra una iglesia donde se encontraban refugiadas 118 personas, alcanzadas por la explosión de un tambo de propano lanzado. De la embajadora Salzedo poco se puede agregar a su conocida participación y padrinazgo de grupos radicales propensos a la ilegalidad.

Dentro de la batalla contra la Cicig, el último día de las audiencias de Monzón, este acusó a Prensa Libre y a Guatevisión, lo cual provocó la defensa de los calumniados. Los anti-Cicig creyeron haber logrado un éxito ante supuestos ataques de políticos estadounidenses en contra de la comisión y de Velásquez como resultado del caso de la familia rusa prisionera, y la versión de una supuesta participación de Vladimir Putin. De inmediato, otro senador, esta vez demócrata, lanzó una defensa igualmente dura sobre esa institución. Incluso un muy cuestionable abogado lanzó un mensaje por redes sociales, y el hijo de un exmilitar lanzó una supuesta e hilarante “encuesta” hecha por él sobre la credibilidad de los medios, según la cual Prensa Libre tiene 7%, Guatevisión 12%, elPeriódico 14% y Veacanal —el único donde se publican sus opiniones— tendría el mayor porcentaje.

Mientras, el presidente Morales nombró a la abogada María Consuelo Porras como jefa del Ministerio Público, quien parece no tener claro algo: carece de tiempo para un “beneficio de la duda”. Desde el principio se conoció de la preferencia presidencial y algunas decisiones fueron, a mi juicio, equivocadas. No fue a una reunión con los aspirantes. Sus declaraciones son telegramas verbales, y su lenguaje ambiguo. Cuando declara su intención de permitirle el derecho a quienes laboran en el MP a tener puestos de mayor importancia, la ambigüedad consiste en la posibilidad de ser cierto, pero también de hacer a un lado a personal incómodo, con lo cual se cumple la idea de reorganizar la tarea y lo hace mal. Cuando habla de reducir el número de personas encarceladas, puede significar la libertad de exfuncionarios corruptos. Es simple lógica, no predisposición.

El mandatario casi huye del país para llevar a un séquito de unos 40 funcionarios, invitados y familiares —incluyendo a su hijo y a su hermano, bajo investigación por un caso de fraude—; lograron un permiso de viaje en el sistema judicial. Aquí el yerro diplomático se debe a no entender este viaje como oficial, sino como un paseo de parientes y amigotes. Los anfitriones se sienten incómodos, pero no lo señalan, por la importancia para ellos de la decisión de Morales. En resumen, una semana en la cual nuevamente se manifiesta la lamentable realidad del inepto dueto presidencial, las constantes vergüenzas causadas por el mandatario dentro y fuera de un país donde los “memes” surgen incluso antes del viaje presidencial. No parece haber remedio para un país sumido en la desesperación y la irresponsabilidad.