Opinión

A contraluz

La atroz desaparición forzada de un niño

Haroldo Shetemul

Haroldo Shetemul

Aquel lunes 6 de octubre de 1981 fue un día aciago para la familia Molina Theissen. Un grupo de hombres armados ingresó a su casa, ubicada en la colonia La Florida, zona 19, en busca de la joven Emma Guadalupe Molina Theissen, de 21 años, que había sido secuestrada por efectivos militares en Quetzaltenango, pero que había logrado fugarse. Mientras los desconocidos cateaban la casa, mantenían engrilletado al niño Marco Antonio, de 14 años, hermano de Emma Guadalupe. En venganza por la huida de la joven, los individuos se llevaron al niño, engrilletado y cubierto con un costal, frente a la mirada angustiada de su madre. Era el reino del terror del general Romeo Lucas García.

Desde entonces comenzó la amarga búsqueda de una víctima inocente, que se ha extendido por más de tres décadas. Cárceles, hospitales, morgues, cualquier lugar donde pudiera estar Marco Antonio fue visitado por su madre y hermanas, hasta que tuvieron que salir al exilio debido a las amenazas de muerte en su contra. Por más que tenían los números de la placa del vehículo militar en el que se habían llevado al niño, todo se estrellaba contra la barrera de complicidad del gobierno militar. El secuestro y desaparición de Marco Antonio pintaba de cuerpo entero el terrorismo de Estado que se vivía en esos años y que Amnistía Internacional caracterizó como un programa gubernamental de asesinatos políticos, en el que la mayoría de personas fueron sacrificadas por pensar diferente. A Marco Antonio ni siquiera eso podían achacarle.

Emma Guadalupe había sido detenida en un retén militar en la carretera a Quetzaltenango, debido a que le encontraron propaganda de la izquierdista Juventud Patriótica del Trabajo. La llevaron a la base militar en ese departamento y durante nueve días la torturaron y violaron. En un caso inédito, la joven logró huir de su cautiverio del que nunca hubiera salido viva. En ese tiempo, la participación política en un grupo de izquierda se pagaba con el secuestro, tortura y asesinato. En Guatemala no hubo presos políticos, solo muertos. Por eso llegaron a la casa de los Molina Theissen, para recapturar a Emma Guadalupe y acabar con ella, pero al no encontrarla, en represalia las bestias secuestraron al hermano menor.

Treinta y seis años después, doña Emma pudo señalar con el dedo a Hugo Zaldaña Rojas, oficial de inteligencia S-2 en 1981, como el responsable de dirigir el operativo militar en su casa que terminó en el secuestro de su hijo. El acto valiente de esta madre de 82 años tuvo lugar durante el reinicio del juicio contra cinco militares retirados, acusados de la desaparición de Marco Antonio, así como del secuestro, tortura y violación de Emma Guadalupe. Los otros militares acusados son Benedicto Lucas García, Manuel Antonio Callejas y Callejas, Luis Francisco Gordillo y Edilberto Letona, quienes habrían formado la cadena de mando de esos hechos criminales.

Durante su declaración, el general retirado Lucas García calificó el juicio en contra de los militares como “porquería”. El proceso penal no se puede calificar de esa manera, porque ellos han tenido un juicio público, derecho de defensa, ni siquiera están detenidos en cárceles, sino recluidos en el Centro Médico Militar, donde reciben la visita de sus familiares. El niño Marco Antonio fue secuestrado y asesinado en una mazmorra sin haber cometido ningún delito. ¿Sus victimarios tuvieron algún grado de humanidad con él y su familia? Nunca, actuaron como bestias y eso sí se puede calificar de porquería, salvajismo, atrocidad y cualquier epíteto por el que merecen la cárcel si se comprueba su culpabilidad. Hoy lo menos que pueden hacer los victimarios es decir dónde dejaron los restos de la pequeña víctima para que su familia pueda darle sepultura y cerrar el círculo del dolor que lleva clavado en el pecho desde hace más de 36 años.