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La basura de unos es el tesoro de otros

Jorge Jacobs

Jorge Jacobs

En los artículos anteriores he hablado sobre la importancia del plástico y cómo su uso en empaques y bolsas es la alternativa actual que menor efecto tiene sobre el ambiente. Pero todavía queda el tema de los desechos. ¿Cómo evitar que los beneficios del plástico se vean enturbiados por su ubicuidad en los desechos? Afortunadamente, las soluciones ya están entre nosotros.

Las dos soluciones básicas para erradicar el “problema” del plástico en los desechos sólidos son el reciclaje y la incineración. Yo soy partidario de que se debe reciclar todo lo que se pueda. La tecnología ha avanzado y ahora hay procedimientos que pueden convertir el plástico reciclado hasta en materiales de construcción que reemplacen al acero —más resistentes y duraderos—.

La mejor forma de lograr la mayor cantidad de reciclaje es a través del mercado y no a través de limitaciones o regulaciones. De hecho, así es como ya funciona en Guatemala. Aquí todavía no existe la “cultura” de separar los desechos para reciclaje; sin embargo, en los bienes cuyo reciclaje tiene un valor económico, ya se hace. El proceso inicia en los camiones de recolección de basura, donde separan los productos que pueden vender a las recicladoras —vidrio, aluminio y envases plásticos—. Si algo se les pasa, los “guajeros” lo recogen y lo venden a las recicladoras. Probablemente no sea el mejor proceso de reciclado, pero ya se da y no como una imposición de algún político o burócrata, sino como un proceso totalmente voluntario dado que esa “basura” de unos, se ha convertido en un “tesoro” para otros, es decir, es económicamente viable.

La clave es que las personas utilicen los canales adecuados para deshacerse de sus desechos —en este caso, que paguen el servicio de recolección de basura—. La mayoría del plástico que llega a los ríos, por lo menos en la capital, es porque no es canalizado a través de este sistema, es decir, proviene de personas que no pagan el servicio y la desechan de manera informal —la tiran en la calle y/o en los tragantes— ¡Esa irresponsabilidad es la que hay que castigar!

En cuanto a la incineración del plástico —y de la basura en general— es una tendencia en varios países desarrollados y que poco a poco se hará en los demás países. Inicialmente se ha quemado la basura para generar electricidad. Con los avances en la tecnología, ya se empiezan a promover plantas en las que se aproveche el 100% de la basura. Con procesos automatizados se separan primero todos los productos reciclables, luego los desechos orgánicos que puedan utilizarse para hacer fertilizante y lo que sobra se quema para producir energía eléctrica. Hasta las cenizas resultantes se pueden aprovechar para materiales de construcción. Aquí mismo en Guatemala, en la planta de Cementos Progreso de Sanarate se incineran anualmente once mil toneladas de llantas y basura, con lo que se aprovechan adecuadamente sin contaminar el ambiente y sin necesidad de “rellenos sanitarios”.

En el panorama global, la tendencia es que cada vez se recicla y se incinera más plástico. Si siguen las actuales tendencias, para el año 2050 más del 90% del plástico que se produzca se reciclará o se incinerará. Y yo creo que, con los avances tecnológicos, va a ser todavía más rápido.

Lo que me regresa a las prohibiciones al uso del plástico. Es insensato que en lugar de ocuparse en resolver el problema del tratamiento de los desechos, los políticos se decanten por prohibiciones absurdas al uso de bolsas y otros productos plásticos que a quien más afectan es a los más pobres y al mismo ambiente. ¡Esto no se debe permitir!

Si quiere conocer más sobre este tema, lo invito a buscar en mi blog (jorgejacobs.com) más información.