A CONTRALUZ

¿La era de la ignorancia?

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Vivimos en una época en la que fluye el conocimiento como nunca antes en la historia de la Humanidad. El mundo se ha convertido en una aldea global, tal como lo planteara McLuhan en los años sesenta, cuando con esa idea pretendía mostrar los procesos de cambios socioculturales que fomentaban el cine, la televisión, la radio y la prensa escrita. En la Galaxia de Gutenberg (1962), este filósofo señala a la imprenta como uno de los más importantes inventos en la historia y cómo este y otros avances tecnológicos han empujado a las sociedades a niveles culturales más elevados. Para McLuhan, las transformaciones sociales tendrían su origen en la evolución tecnológica. La aldea global se ha convertido en una sociedad audiovisual táctil tribalizada a escala planetaria. Pero McLuhan falleció en 1980, antes de que pudiera ver el salto cuantitativo que ha significado internet y que ha transformado la existencia humana.

Era de esperarse que ese avance acercara aún más a las personas a la cultura, el arte, la ciencia y el conocimiento con un simple clic en el smartphone. Sin embargo, no siempre es así. Esos encantadores gadgets (término cool para referirse a los dispositivos electrónicos) han hecho la vida fácil para chatear, ver videos, escuchar música, enviar memes, etc., pero menos para ampliar el conocimiento básico, no digamos intelectual. Los millennials o generación Y, grupo etario llamado a sacarle el jugo a la alta tecnología, no se preocupa por el futuro, sino por el hoy. Es más, estos artilugios mal empleados pueden causar problemas. El uruguayo Leonardo Haberkorn se queja: “Después de muchos, muchos años, hoy di clase en la universidad por última vez. Me cansé de pelear contra celulares, contra WhatsApp y Facebook. Me ganaron. Me rindo. Tiro la toalla. Me cansé de estar hablando de asuntos que a mí me apasionan ante muchachos que no pueden despegar la vista de un teléfono que no cesa de recibir selfies”.

Esa tendencia es global. El mexicano Alejandro Martínez Gallardo expresa que pareciera una contradicción decir que vivimos en la era de la ignorancia con semejante tecnología. Sin embargo, agrega, esta revolución informática no ha significado una verdadera Ilustración, ni un incremento de conocimiento. McLuhan se encargó de alertar sobre la esencia de los avances, al señalar que la tecnología es una extensión de nuestros sentidos, pero al igual que los amplifica también los atrofia. El poeta estadounidense Charles Simic dice que ha observado cómo los jóvenes que ingresan a la universidad son menos preparados, no les importa la historia ni el mañana, solo el ahora. “Enseñar literatura inglesa, como yo he hecho, se ha vuelto más difícil cada año, ya que los estudiantes leen menos literatura antes de entrar a la universidad y carecen de la más básica información histórica del período”, expresa.

Pregúntele a un universitario guatemalteco qué sabe del conflicto armado, quién es Miguel Ángel Asturias o qué es el Rabinal Achí. No, eso no importa, lo importante está en Facebook, Instagram o Snapchat con sus mensajes que se autodestruyen. Nunca antes en la historia las personas han escrito y leído más que ahora, pero sus textos en internet son irrelevantes, momentáneos, basura. ¿Supieron de los dos chavos que se enterraron, lo grabaron durante 24 horas y luego lo subieron a Youtube? Eso es lo relevante ahora. Por eso es importante que a la par del fomento de las tecnologías multimedia volvamos los ojos a los libros impresos, esos nobles amigos que han despertado la imaginación y el conocimiento. La próxima semana será una buena oportunidad para acercarse a la lectura, ya que la Feria Internacional del Libro abrirá sus puertas el 13 de julio, en el Fórum Majadas, zona 11.

@hshetemul

ESCRITO POR:

Haroldo Shetemul

Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Pontificia de Salamanca, España. Profesor universitario. Escritor. Periodista desde hace más de cuatro décadas.

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