Opinión

A contraluz

La estafa de la UNE y el Transurbano

Haroldo Shetemul

Haroldo Shetemul

El 28 de enero del 2010, un emocionado Álvaro Colom presentó en el Palacio Nacional de la Cultura el nuevo Transurbano, junto a una mesa de honor en la que estaban, entre otras personas, su esposa Sandra Torres y el alcalde Álvaro Arzú. En forma paralela, en la página web de ese transporte se leía que “es un servicio con estándares reconocidos a nivel mundial” y que se ha implementado con “tecnología de punta”. Cuando correspondió el turno a Arzú habló de las maravillas de ese sistema y arremetió contra los críticos del Transurbano: “Esos son los bueyes con los que tenemos que lidiar los funcionarios públicos”.

Siete años después, el expresidente Colom y la mayoría de quienes fueron sus ministros están detenidos por peculado y estafa, por haber suscrito el acuerdo gubernativo 103-2009, mediante el cual entregaron US$35 millones (Q270 millones) a la Asociación de Empresarios de Autobuses Urbanos (AEAU) para financiar el sistema prepago. Según la Procuraduría General de la Nación, es ilegal el traslado de fondos públicos a una entidad lucrativa, como esa asociación. Pero no solo eso. El Transurbano fue publicitado como lo mejor de América Latina y que con sus 3,150 buses resolvería la crisis del transporte colectivo. Hoy la estafa circula por las calles capitalinas en unos 200 buses, algunos ya destartalados y que muestran el saqueo de recursos, provenientes de nuestros impuestos.

La AEAU dio financiamiento electoral al PP y a la UNE en el 2007 y, según el MP, movilizó votantes a favor de Colom. Ya instalada en el poder, la UNE comenzó el proceso de implementar el Transurbano con fines clientelares para levantar la imagen de Sandra Torres en su malogrado intento de llegar a ser candidata presidencial en el 2011. También fueron responsables de esa estafa Arzú y Gustavo Alejos. Este último fue secretario privado de Colom y está en prisión por los casos Negociantes de la Salud y Cooptación del Estado. Desde el 2009 se había preparado el escenario para el Transurbano, cuando la municipalidad capitalina otorgó 109 rutas por 25 años a los autobuseros. En noviembre de ese año, el Congreso exoneró del pago de impuestos a las empresas que conformaban la AEAU para la compra de los 3,150 buses nuevos. Sin embargo, la estafa comenzó con la sobrevaloración de las unidades por parte de los autobuseros.

La danza de millones fue imparable. El gobierno de Colom suscribió otro acuerdo para otorgar un subsidio de Q420 millones anuales a la AEAU para la compra de combustible. Fonapaz invirtió Q80 millones para construir las paradas del sistema de transporte que iba a circular en vía exclusiva similar al Transmetro. Siete años después la historia del “mejor transporte colectivo de toda América” es para llorar. De los 445 buses que comenzaron a circular en el 2010 ahora solo operan unos 200 que deben atender a unos 400 mil usuarios en los ejes sur y norte. Esa situación implica largas esperas, servicio deficiente y cobros excesivos porque varios usuarios han denunciado que el sistema cobra hasta Q2 por viaje. El negocio de la AEAU siguen siendo los estropeados buses rojos, con los que cada año chantajea al gobierno para que le dé unos Q245 millones de subsidio.

La huella de la corrupción del Transurbano comenzó durante el gobierno de la UNE y continuó con el del PP, en particular con Alejandro Sinibaldi. Otra figura importante de esta estafa es Luis Gómez, quien estaría fuera del país y que habría creado una empresa para ocultar el lavado de dinero que procedía del presupuesto del Estado. Este es un caso emblemático porque toca directamente a los capitalinos de escasos recursos que deben soportar el pésimo transporte urbano. También cobra relevancia porque demuestra que las investigaciones contra la corrupción involucran a la mayoría de partidos, ya que una de las quejas de sectores de derecha era que la UNE era intocable para el MP y la Cicig. Ya vemos, pues que la corrupción no tiene ideología.