Opinión

Cable a tierra

La historia lo juzgará

Karin Slowing

Karin Slowing

A veces me gustaría pensar que todo lo que estamos viviendo sería muy diferente si tan solo Jimmy Morales hubiera cumplido con su eslogan de campaña de no ser ni corrupto ni ladrón. Se le hubiera perdonado la ignorancia en temas de Estado; su falta de visión, su pobreza intelectual, la ausencia de carisma y de liderazgo; ¡hasta la carencia de un plan de gobierno! Total, no hubiera sido el primero que llega a ser presidente y no cuenta con uno o varios de estos elementos. Y, como otros antes, hubiera atraído a su equipo a algunos profesionales de primer orden, que sí hay, y que conocen el Estado, que hubieran podido suplir cualquier carencia técnica/política del presidente, e impulsar las reformas que necesitaba el Organismo Ejecutivo para complementar el esfuerzo ya venían haciendo el Ministerio Público y la Cicig para depurar el Estado de tanta corrupción e impulsar políticas y legislación que se necesita para afrontar las causas 

subyacentes.

Cierto que muchos pensaron al inicio que Morales era un “hombre bueno” y bien intencionado. Que fue hasta que pasó lo de su hijo y su hermano que se maleó. Que allí fue cuando cayó preso de intereses oscuros; de roscas perversas que terminaron por controlar sus decisiones. Dos años después, creo que está claro que eso no era tan así, que siempre fue un lobo con piel de oveja, no el Alfa de la manada, pero uno útil y estratégico, por el cargo que ostenta. Él “es” parte de esa densa, oscura y perversa trama que quiere mantener el país sumergido en la oscuridad, la impunidad y la corrupción, y lo más seguro es que así fue siempre. Que lo único que evitó al inicio ese actuar, que vemos ahora ya sin tapujos, fue la enorme presión externa que tenía encima. Que eso cambió cuando la presión interna por el caso del hijo superó la externa; en la medida que decayó también la presión ciudadana y luego cuando el alcalde Arzú comenzó a ser investigado con el caso Caja de Pandora. De actor que de alguna manera se había dejado llevar por las circunstancias, Morales pasó a ser miembro activo, pleno, reconocido y beligerante del Pacto de Corruptos.

Hoy por hoy estamos en un punto de quiebre y el rumbo que tomará dicha ruptura aún está por definirse. En términos de desarrollo humano, lo que ya se ha dado es una auténtica situación de inflexión en retroceso, sin precedentes, en los principales indicadores de desarrollo humano. El ensanchamiento de las brechas preexistentes es dramático. Educación, salud, vivienda; asistencia social, agua y saneamiento, transporte, deterioro ambiental, empleo y oportunidades económicas. Las deportaciones cambiarán tarde o temprano el rostro de las comunidades nuevamente. No solo mermará eventualmente el ingreso de los hogares, rompiendo con una de las principales estrategias de sobrevivencia y dinamización de las economías locales que han tenido las comunidades estos últimos 20 años. Muchos retornan, endeudados, desmoralizados; regresan a comunidades donde no siempre hay oportunidades para reinsertarse y empezar de nuevo. Se está acumulando una bomba de tiempo de consecuencias insospechadas.

De esa cuenta, en estos dos años, lo único que ha caminado efectivamente es la lucha contra la corrupción. Y no precisamente gracias a Jimmy Morales. Si los casos no han progresado es por la captura y cooptación que vive también el Sistema de Justicia; por la connivencia de abogadas y abogados que utilizan cualquier estratagema para dilatar el tiempo en que sus defendidos lleguen a fase de sentencia. Por un Congreso que desechó las reformas constitucionales al sector justicia, traicionando con ello a la patria y a nosotros, los y las ciudadanas.

karin.slowing@gmail.com