SI ME PERMITE

La música es una compañera que nos enternece

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“La música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu”. Miguel de Cervantes

Siendo el 22 de noviembre el Día Mundial de la Música, aceptando que ella tiene ingredientes que reflejan cultura, estilo y modalidades muy diversas, queremos reflexionar y tomar el tiempo de reconocer la riqueza que ella nos aporta a cada individuo. Difícilmente podríamos imaginar nuestra vida sin la música en sus diversas expresiones.

Para el ser humano, desde que los registros nos informan, la música ha sido parte de su vida, en toda su diversidad, pero cada uno de ellos, propios a su temperamento y personalidad, ha podido escoger lo que más le gratifica y también, dependiendo del estado de ánimo, se acompañan con música que armonice con el momento que están viviendo.

Es evidente que la música se asimila en un proceso formativo que llega a ser parte de nosotros, como los gustos e intereses que cada uno tenemos. Es evidente que cuanto más pronto uno es introducido a los géneros musicales, lo acompañan el resto de la vida, no importando las variantes que tenemos que enfrentar.

Es normal que cada generación tenga su estilo y le dé inclinaciones por lo que fue popular en su tiempo. De alguna manera marca el tiempo que ha vivido. Esto es porque la música nos lleva a asociar lo que en nuestro tiempo no solo era popular, sino formaba parte de lo que los nuestros apreciaban.

Uno valora la música porque en momentos de soledad se siente acompañado cuando la música es ejecutada para ayudar al estado de ánimo y de un modo minimizar el sentido de soledad. Cuando un grupo se reúne por alguna razón, también la música es un elemento determinante para crear la afinidad de grupo y hacer el tiempo que están juntos agradable y placentero.

Lo anterior nos indica que es muy importante para la vida ser encaminado en un género de música, para ser educado en él y, sin lugar a duda, cuanto más temprano, mucho mejor será. Conocemos de casos cuando un bebé está solo y se le deja dormir. Si hay una música suave en el ambiente, seguramente estará mucho más tranquilo que simplemente en silencio sepulcral.

Cuando valoramos la música, sea esta para ayudarnos a relajar o bien a crear una buena atmósfera social, al estar reunidos con otras personas, debemos saber escoger la música que sea la más apropiada para el momento en el que la queremos escuchar.

En nuestra modernidad, no es extraño ver a los que trabajan, viajan o estudian con los audífonos en ambos oídos, escuchando música, y al observar el rostro, se refleja lo agradable que el tiempo transcurre. Hay momentos que aún el movimiento del cuerpo está acompañando la música que los oídos perciben.

Claro está que los extremos no siempre son agradables y mucho menos tolerados. Un ejemplo de esto es tener que viajar en un transporte público y el chofer escoge una música que sin lugar a duda le agrada, pero el volumen no es de compartir, sino de imposición, y antes de ser agradable, crea irritación, lo cual genera un estado de ánimo negativo.

Nuestra generación tiene la necesidad de educar su modo de compartir la música que disfruta, por el hecho de que vivimos más que amontonados y la privacidad puede ser vulnerada, y debemos ser considerados para que lo que nosotros estamos gozando no sea causa de desesperación para los demás.

ESCRITO POR:

Samuel Berberián

Doctor en Religiones de la Newport University, California. Fundador del Instituto Federico Crowe. Presidente de Fundación Doulos. Fue decano de la Facultad de Teología de las universidades Mariano Gálvez y Panamericana.

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