Opinión

Desde Ginebra

La protección vs. el libre comercio

Eduardo Sperisen

Eduardo Sperisen

El comercio ha estado vinculado al ser humano a lo largo de los siglos. En el caso del comercio internacional, que constantemente evoluciona, ahora es muy diferente al que existía hace 10 años. Cada vez más inciden nuevas variables para la competitividad, como lo es la tecnología, situación que significa un enorme reto para los empresarios, especialmente para los medianos empresarios de los países en desarrollo.

El comercio es un concepto económico que se desarrolla en dos ámbitos, el comercio interno y hacia el exterior. En el ámbito del comercio exterior, la apertura comercial es la vía opuesta al proteccionismo, se basa en la disminución de aranceles y de cualquier forma de barreras y de obstáculos, tales como contingentes, cupos, reglamentos gubernamentales, requisitos sanitarios o de calidad, que establecen los gobiernos, en muchos casos con fines proteccionistas, para dificultar el intercambio de productos entre países.

Los medios de comunicación nos advierten que el mundo está atravesando por un periodo de desglobalización después de años de una creciente integración económica más conocida como “Globalización”.

Un estudio de Naciones Unidas subraya que las políticas comerciales deberían centrarse en mantener y revitalizar la cooperación comercial multilateral, haciendo énfasis en los posibles beneficios del comercio de servicios y asegura que un aumento de las tensiones geopolíticas podría intensificar una tendencia hacia un mayor aislamiento y hacia políticas unilaterales proteccionistas.

En otro informe, el Banco Mundial menciona que las crecientes restricciones comerciales podrían hacer fracasar una recuperación frágil del comercio y revertir los logros de anteriores esfuerzos de liberalización y añade que un incremento adicional en la incertidumbre política, que ya se encuentra en niveles muy elevados, podría disminuir el entusiasmo en torno a la confianza y la inversión.

La tensión entre proteccionismo y la apertura comercial se pone de manifiesto como uno de los temas emergentes más significativos de la actualidad. La ola proteccionista está poniendo en entredicho el fenómeno de la globalización, mediante un discurso en el que la globalización y aplicando la ley del péndulo está pasando de ser la protagonista del crecimiento y del bienestar mundial, a ser la infame, a la que se atribuyen todos los males de la crisis, del estancamiento de las economías, de la creciente desigualdad económica y de la injusticia social.

La apertura comercial basada en reglas ha sido considerada buena, constituyéndose este principio en el cimiento básico de la Organización Mundial del Comercio (OMC). El rechazo de la globalización conduce de forma natural a otra política, ampliamente utilizada en circunstancias históricas ya caducas, como es el proteccionismo, un concepto que se pensaba superado y del pasado.

El proteccionismo moderno se ha refinado, existiendo ahora formas de protección más sutiles y variadas como lo son los derechos antidumping, las normas técnicas, las normas sanitarias y fitosanitarias, entre otras medidas, cuyo impacto sobre el comercio resulta difícil de determinar.

Debido a la existencia de la OMC, el impacto no ha sido mayor, institución que establece y aplica normas y disciplinas del sistema multilateral de comercio y fija limitaciones a las políticas autónomas a las que pueden recurrir los países miembros. Por ejemplo, las normas multilaterales impiden que los aranceles suban más allá del nivel consolidado, esto es, el nivel máximo para cada producto que cada país ha negociado y notificado a la OMC, recordando que el libre comercio con reglas claras y permanentes le permite a un país contar con mayores beneficios de los que se producirían en aislamiento con el proteccionismo.

esperisen@gmail.com