Opinión

Si me permite

La realidad de un refugiado

Samuel Berberián

Samuel Berberián

Archivado en:

Desplazados Refugiados

“Los desplazados y refugiados son los que enriquecen todas nuestras vidas; su tolerancia e imparcialidad hacia ellos abrirá nuevos mundos para ustedes, y los hará bienvenidos donde sea que vayan” Kofi Annan

Cuando leemos la historia de la humanidad, esta está matizada con episodios en los que la humanidad ha tomado la determinación de moverse de su tierra y de su parentela, aunque no todos los casos son iguales y las razones no son las mismas. Pero es sano tomar un paso hacia atrás y observar el porqué de cada uno de los cambios.

Sabemos que cuando ha habido cambio, esto implica a veces aprender nuevo idioma, costumbres y estilos de vida. Pero la humanidad puede asimilar los cambios sin conservar rígidamente su estilo e identidad de una generación a otra. Por ello hoy hay naciones fuertes y grandes que son el producto de los refugiados del pasado y en el presente con un perfil propio y definido se proyectan al mundo.

Por supuesto no es lo mismo dejar la tierra por un sueño de mejorar o cambiar a los que lo hacen por salvar su vida y la de los suyos. Estos dejan todo y huyen a la tierra que los reciba con tal de sobrevivir y así iniciar una nueva vida. Por otro lado, hay otros que con un espíritu aventurero dejan lo suyo para buscar algo diferente sin tener claro lo que quieren o pueden encontrar.

Por otra parte, también están las regiones que abren sus brazos para recibir a los que buscan nuevos horizontes, sean estos los que quieren refugiarse porque perdieron todo y buscan mejorar el estado que tienen. Claro está que en algunas regiones tienen una actitud muy solidaria con los que llegan y en otras ocasiones aprovechan de la necesidad del que busca los nuevos horizontes para rehacer su vida.

En ningún momento podemos negar lo politizada que se ha transformado esta realidad y llevando a buscar soluciones que son más del perfil político que de solidaridad humana.

Personalmente, puedo entender esto, cuando pienso en mis padres que nacieron en una región ajena a la que a mí me toco nacer. Y cuando mis hijos nacieron yo ya estaba en un lugar ajeno al de mis padres y al mío propio. Con solo hacer la referencia a que mis padres nacieron durante la primera guerra mundial y en el caso personal ya estaba la segunda guerra mundial con una distancia de casi veinticinco años. Solamente esto crea migraciones, refugiados y traslados que solo se buscan para vivir y trabajar en paz.

No podemos negar que en muchos países de hoy no hay guerras declaradas, pero lo que se vive no es más que una forma de “guerra”, en el que uno sale de su casa y no sabe si tendrá la dicha de llegar a su casa a ver los suyos de nuevo.

El mundo está urgido de una paz en la que se hable menos y que se tenga más para que los años que vivimos sean mucho más provechosos, y sin lugar a duda esta realidad inicia en uno para compartirse con los suyos y así extenderlo en los círculos que comparte. Las guerras en última instancia no son más que conductas de capricho, egoísmo e intolerancia que no cuesta nada tener, pero cuesta mucho admitir y superar.

Cada uno de nosotros seamos pacificadores en nuestro diario vivir y con todos los que nos relacionamos no solamente de discursos sino de mentalidad y conducta, aunque no tengamos todo lo que queremos, pero lo que tenemos, tengámoslo en paz. El mayor provecho de una vida pacífica será manifestada en nuestra próxima generación al ser formativo de los que ocuparan nuestro lugar.

samuel.berberian@gmail.com