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La tozudez alcanza su máxima expresión

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Cuando termine el período constitucional de este gobierno, uno de los que más lamentará la separación del poder será el presidente Jimmy Morales, porque lo embargará la peor de las soledades, luego de serle útil a quienes lo han instrumentalizado para tomar las medidas más torpes y descabelladas, sin que parezca haber tomado conciencia de ello.

Entre los aspectos que determinan ese aciago futuro sobresale el haberse convertido en uno de los más poderosos aliados del Pacto de Corruptos y haber actuado en consonancia con intereses muy alejados de quienes aspiraban a un rescate del sistema. Sin embargo, hasta el poder tiene sus límites, y estos serán mucho más evidentes para él, porque ni siquiera ha sido parte de un partido político. Todo lo que le ocurrió fue el producto de una mascarada para beneficiar al corporativismo criminal, que lleva décadas de instrumentalizar presidentes.

Por eso es grave la más reciente decisión del presidente de pretender expulsar del país a los embajadores de Suecia y de Venezuela, porque son medidas que claramente buscan limitar el avance de la lucha contra la corrupción y de seguir manipulando a Estados Unidos con pretender hacerle creer que es aliado útil, cuando es ineludible ver cómo todo se alinea en la búsqueda de debilitar al sistema de justicia guatemalteco.

La medida tomada por Morales y por una servil funcionaria carece del más mínimo criterio de lo que es la diplomacia y se inscribe en una cadena de intolerables actos de un gobierno a la deriva, acosado por múltiples sindicaciones de corrupción contra el presidente, algunos de sus familiares y buena parte de integrantes del partido que lo utilizó para alcanzar el poder, entre ellos su máxima figura, el militar Justino Ovalle, hoy prófugo.

La mayor amenaza es que este gobierno siga tomando acciones orientadas a beneficiar a un sistema corrupto, lo cual conlleva el riesgo de incrementar los niveles de impunidad. Por eso se deben rechazar medidas como la expulsión de diplomáticos, porque no se enmarcan en el espíritu de una democracia solvente y más bien avanzan en el sentido contrario, lo cual lo acerca a mayores expresiones de intolerancia.

Morales debe entender que el hecho de ser el presidente de Guatemala no lo convierte en el representante de todos los guatemaltecos, cuando ni siquiera ha sido capaz de asumir con responsabilidad lo que le manda la Constitución, y por eso debe abstenerse de continuar incurriendo en atropellos que ponen en vergüenza al país, pero también porque constituyen un riesgo para el futuro de la cooperación internacional en tareas que los gobiernos han sido incapaces de resolver.

En el caso de Suecia, esa colaboración ha sido vital para el fortalecimiento del sistema de justicia y de proyectos comunitarios y municipales; por eso no se deben tolerar exabruptos de gobernantes inexpertos, porque lo logrado hasta ahora podría tener un enorme retroceso si cesa esa ayuda, pero además porque claramente se busca beneficiar a las mafias de cuello blanco.