Opinión

Persistencia

La tragedia griega y el coro

Margarita Carrera

Margarita Carrera

La tragedia griega tiene su esplendor en Atenas, Grecia, en el siglo V a. de C. Para poseer una idea clara de ella, hemos de explicar, previamente, que no es una representación profana que pudiera ofrecerse en cualquier momento de la vida ateniense. Constituye un acto religioso que forma parte de las fiestas llamadas Las grandes dionisíacas, en donde se venera a una de las divinidades griegas exponentes del “espíritu de vegetación”: Dionisos (=Baco). Como divinidad de la naturaleza, en especial dios del vino, Dionisos simboliza, en sí, la vida, la muerte y la resurrección de la naturaleza cada año.

Sin embargo, exponer que si bien la tragedia se ocupa en un principio de las historias de héroes o divinidades semejantes a Dionisos, luego dirigirá su atención a cualesquiera historia de héroes (pertenecientes a la clase aristocrática), a cuya rememoración se aplica algún ritual propio, pues el drama griego, es esencialmente, la ejecución o desempeño de un ritual religioso, que no profano.

Al ser la tragedia griega una celebración religiosa, sus temas, son, luego, mitológicos. El espectador no tiene que realizar ningún esfuerzo para entenderla, conocedor del mito (para la religión), sabe de la trama y del desenlace de los personajes. Los dramaturgos repiten los mismos asuntos mitológicos variando, claro está, la interpretación, la poesía, la música, la danza, el pensamiento.

Sin embargo, el tiempo de vida de la tragedia es limitado. Si bien nace (como espectáculo artístico acabado) con Esquilo (525-456 a. de C.) y Sófocles (495-405 a. de C.), ya inicia su muerte con Eurípides (480-406 a. de C.), por el influjo de la filosofía socrática que reniega de la mitología griega.

Nacido de “ditirambo” a Dionisos, contado primeramente en las bacanales (de Baco) por las “ménades”, retomado luego por los “tragoodoi”, es natural que el “coro” se constituye en la parte más importante y costoso del espectáculo. Sin embargo, con Tespis (iniciador de la tragedia en el año 530 a. de C.) y, más adelante, con Esquilo, se reduce su importancia, a medida que éste aumenta a dos el número de actores: de cuarenta y ocho a cincuenta miembros, el coro se reduce a quince y doce.

La palabra “coro” significa danza o piso de baile, ya que, además de cantar, el coro danza y desfila solemnemente por el escenario. Por el papel que desempeña dentro de la tragedia (o comedia) ha sido llamado “la voz del poeta” y “una barrera moral”. Lo primero porque, por su medio, el poeta puede expresar sus propios puntos de vista y sus sentimientos. Lo segundo, porque el poeta realiza, con el coro, una labor orientadora entre la tragedia y el público. Aunque no es personaje, dialoga con los otros personajes, siendo, así, mitad espectador, mitad personaje, reflexionando y mostrando los sentimientos de temor y compasión, que señala Aristóteles.

El “coro “cumple, asimismo, otras funciones: a. Expone antecedentes que nos aclaran el drama; b. Hace conocer lo que ocurre fuera de la vista de los espectadores, sobre todo. Aquellos hechos de sangre y de violencia que jamás se presentan ante el espectador, con el fin de proteger su sensibilidad; c. A él está encomendada la parte cantada de la tragedia, el “melos”; d. Participa idealmente de todo cuanto ocurre en la escena. Según Nietzsche (El nacimiento de la tragedia), “el coro es el ‘espectador ideal’ en la medida en que es el único observador, el observador del mundo visionario de la escena (…)”, además, agrega: “(…) nos es lícito llamar al coro, en su estadio primitivo de la tragedia primera, un autorreflejo del hombre dionisíaco (…)”.

margaritacarrera1@gmail.com