Opinión

Catalejo

La valorización de los huipiles

Mario Antonio Sandoval

Mario Antonio Sandoval

ENTRE LOS CAMBIOS NOTORIOS en la sociedad guatemalteca, pero no suficientemente valorizados, se encuentra el uso de las vestiduras indígenas y, en general de todo tipo de tejido hecho realidad por la inventiva de miles de artesanas anónimas. Luego de decenas de años de no haber descubierto la belleza de estas prendas, los huipiles comenzaron a ser usados por algunas mujeres extranjeras lo cual inició una tendencia similar en las mujeres ladinas guatemaltecas. Eso inspiró al recordado pintor y cuentista Marco Augusto Quiroa, quien solía decir la picante frase “el huipil es una prenda indígena que se ponen las mujeres ladinas para parecer gringas”.

ES POSIBLE SEÑALAR la mitad de los años sesentas del siglo XX como el momento de la apertura a esta clase de vestimenta, en la cual se agregaban camisas para varones. El huipil comenzó a ser parte importante de la venta de artesanías a los turistas, y luego de pasadas alrededor de cinco décadas se han dado cambios en los colores, en el uso (por ejemplo, salidas de baño) con lo cual evidentemente se pierde todo vestigio de elemento cultural ancestral, para convertirse en algo de simple valor estético. En otros casos, tanto personas como instituciones han rescatado esos huipiles y los han colocado como piezas de museo, acertadamente convencidos de la necesidad de mantener esas tradiciones, amenazadas por toda una serie de factores.

LOS HUIPILES TIENDEN A desaparecer porque son prendas caras, a causa de la gran cantidad de tiempo necesario para hacerlos a mano; porque los jóvenes indígenas, en general, aprecian más una blusa de moda, mejor si es “de marca”; porque con el fallecimiento de las tejedoras se pierden secretos antiguos. Se da el caso de blusas al estilo huipil, pero con figuras tejidas en base a patrones de revista de crucetas, o con adornos comprados en cualquier almacén donde vendan adornos para vestidos. Jóvenes indígenas con estudios superiores al promedio, utilizan el huipil de su comunidad, pero combinan ese uso con el de otras etnias. En sentido estricto, actúan igual cualquier mujer ladina o extranjera cuando luce un huipil porque le gusta.

CREO NECESARIO RECORDAR la diferenciación entre huipiles y “telas típicas”. Los primeros casi siempre tienen significación social, cultural o religiosa. Entonces deben ser respetados, por decirlo así, y no convertirlos en retazos para decoración de vestimenta occidental, por llamarla de alguna manera. Los tejidos llamados típicos, por su parte, deben ser considerados como piezas decorativas, y entonces resulta válido crear cuberturas de almohadas, centros de mesa, juegos de servilletas, etc. Es correcto y debe ser fomentado su uso dentro de los hogares de todos los guatemaltecos. Me parece muy positivo además adquirir la producción de mujeres tejedoras, con el fin de permitirles lograr un mejor nivel de vida a través de la independencia económica.

ES MUY VALIOSO EL PRODUCTO de la economía derivada de todo lo relacionado con las artesanías indígenas guatemaltecas. Es importante concientizar a los guatemaltecos del valor de estas manifestaciones culturales, así como la justicia de pagarlas bien. En 1970 recuerdo haber comprado por 7.50 quetzales un huipil de San Mateo Ixtatán, el cual utilicé en pláticas sobre Guatemala en diversas ciudades estadounidenses. Muchos años después compré una camisa de Todos Santos, Huehuetenango, ya en 50 quetzales. Ahora hay acciones legales cuyo fin es decidir acerca de la propiedad intelectual de los diseños, un tema muy complicado porque las tradiciones no tienen autor definido. Pero hablar de eso no es el objetivo de este artículo.