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Las ficciones de Guatemala

Frank LaRue

Frank LaRue

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Medios de comunicación

En Guatemala nos hemos acostumbrado a creer en verdades ficticias hasta que estas se nos desmoronan, así fue como querer disimular el daño que le hace al país tener un monopolio en la televisión abierta y la concentración de las radios en cuatro grandes cadenas nacionales. Mencionar esto fue siempre motivo de rechazo y se le acusaba de atentar contra la libertad de expresión. Se criminalizaron las radios comunitarias y se les llamó piratas, cuando el problema fundamental es que nunca tuvieron ningún reconocimiento en la Ley de Telecomunicaciones.

Normalmente se pretende ignorar que la libertad de expresión tiene como principio fundamental la diversidad y pluralismo en los medios, lo que significa el reconocimiento de que los medios de comunicación no solo ejercitan su derecho de libertad de expresión que implica buscar y recibir información, y diseminar y recibir ideas. Además, en su función primordial la prensa lo que hace es facilitarle a la sociedad el derecho de acceso a la información para construir un pensamiento propio y desarrollar conclusiones y opiniones propias. Esto no se da si los medios tienen un pensamiento único, uniforme y una línea editorial común. Construir pensamiento y opiniones requiere la posibilidad de contrastar ideas, información y corrientes de pensamiento. Por ello, un monopolio acompañado de una cadena radial es muy fácil incidir en campañas electorales e incluso actividades ilegales de publicidad política, que son las que hoy investiga la Cicig y está procesando el MP, además de que con este tipo de actividades promovidas por un monopolio se altera el curso normal de la democracia, que debe basarse en decisiones de la población informada, plena y diversa.

El principio de Libertad de Expresión establece que en todo país democrático debe darse diversidad de medios y pluralismo de ideas, lo que permite medios comerciales, comunitarios y públicos independientes, como hay medios locales, regionales, nacionales e internacionales. Este principio contradice la visión de que solo la comunicación comercial es buena, ya que cada tipo de medio responde a un público diferente y a necesidades distintas, especialmente en un país con diversidad cultural y múltiples idiomas.

En América Latina se está dando el salto a la digitalización de los medios, lo cual amplía el espectro de comunicación, y este es un tema que debe ser tratado y regulado por el Estado con equidad y justicia, garantizando diversidad y pluralismo en las nuevas frecuencias disponibles e incluso estableciendo una reserva de frecuencias al Estado, para el futuro.

La creación de medios públicos con fondos estatales pero con administración y línea editorial independiente, sin manipulación política de quienes están en el poder o partido alguno, es relevante para el desarrollo de programas educativos y de salud; temas especializados en la niñez, programas que fortalezcan las identidades culturales, que den a conocer la cultura nacional, a los artistas nacionales y otros temas importantes.

Esta crisis generada por el establecimiento de actividades delictivas en el monopolio de la televisión es la gran ocasión para una reforma urgente a la Ley de Telecomunicación, empezando por hacer de la Superintendencia de Telecomunicaciones un órgano regulador totalmente autónomo con representación multisectorial. Hoy es una ficción como dirección general del Ministerio de Comunicaciones.

Más que una reforma a la ley debemos exigir que el Congreso establezca la nueva ley de servicios de medios audiovisuales.