Opinión

Con otra mirada

Las peras las da el peral, no el olmo

José María Magaña

José María Magaña

Durante los últimos días se discutió la decisión del Ministerio de Educación de integrar la música y artes plásticas a la figura Educación y Expresión Artística, que despertó dudas, pues se intuye deterioro en la formación de los alumnos al coartar el acceso al mundo de lo abstracto, prescindiendo de los docentes especializados.

El 30Dic Prensa Libre publicó, P.23, “A partir del 2 de enero, la Dirección Departamental de Educación (Dideduc) de Jalapa funcionará en el nuevo edificio, en el km 95, entre Sanarate, El Progreso, y esa Cabecera…” —aparece la foto de la fachada principal—. Su pobre pero ostentosa imagen es congruente con la decisión anotada, y no deja duda que ese ministerio refleja la crisis que como nación atravesamos: pobre educación, pérdida de valores y gusto por el mal gusto.

No siempre fue así. La Revolución de Octubre de 1944, junto a la formación pedagógica del presidente J.J. Arévalo, produjo las escuelas Tipo Federación que se construyeron en las principales cabeceras departamentales, a las que se incorporó el arte mural. Más adelante, en 1969-70 se desarrolló el Proyecto de Extensión y Mejoramiento de la Enseñanza Media (Pemem), que incluyó un programa arquitectónico y sus especificaciones para la construcción de institutos experimentales de Educación Básica, autorizados en 1973. En su diseño y construcción participaron profesionales, desde los consagrados hasta jóvenes pujantes. Los resultados fueron impresionantes, ofreciendo calidad de espacios para el estudio, talleres, deporte y áreas libres, exponiendo su rica y sólida formación profesional.

Hoy las cosas han cambiado. El tesón de los connacionales migrantes a EE. UU. permite enviar suficiente dinero a sus familias, generando, por ejemplo, la llamada Arquitectura de Remesas. A mi parecer, dista mucho de serlo, pues se limita a construcciones simples recubiertas de elementos arquitectónicos copiados de todas partes, aderezados con elementos decorativos, propios de los tejidos tradicionales y su rico colorido.

Por otro lado, también está la obra, producto del narcotráfico y del dinero mal habido de funcionarios públicos, que por ser tanto, sus dimensiones son descomunales. Es de hacer notar el influjo que la histórica ciudad conservada de La Antigua Guatemala ejerce sobre esos y otros sectores; aunque los responsables de los nuevos diseños no la han estudiado, ni sabido interpretar, limitándose a reproducir elementos y mezclarlos con ejemplos foráneos.

Para el caso del Ministerio de Educación, el resultado es ese feo eclecticismo del nuevo edificio de la Dideduc de Jalapa. Las explicaciones que altos funcionarios quisieron dar a la creación de la Educación y Expresión Artística para unificar lo que evidentemente para ellos es intrascendente en la formación de niños y jóvenes, refleja que son producto de esa omisión, ahora institucionalizada.

Todo eso me recordó la trilogía de breves artículos que publiqué en 2006, con los temas: La Arquitectura como símbolo del poder, como fuente de identidad y como símbolo de Nación, que según yo estimularían el entendimiento de la arquitectura, particularmente aquella a cargo del Estado.

Reclamar a las instituciones públicas y a los funcionarios sobre esos asuntos sería perder el tiempo. De ahí la expresión española “Pedirle peras al olmo”, que el DRAE define así: “Esperar en vano de alguien lo que naturalmente no puede provenir de su educación, de su carácter o de su conducta”… es decir, “pedir algo imposible, algo que no es natural o querer exigir demasiado”. Las peras, que son un fruto apetitoso, las da el peral, en tanto el olmo da un fruto pequeño e incomestible.

jmmaganajuarez@gmail.com