Opinión

Pluma invitada

Ley protegía a policías en combate de sicarios

Jaime Córdova Palacios

Jaime Córdova Palacios

Los diputados habrían aprobado imperiosa iniciativa de ley que protegía a los policías responsables de la seguridad  nacional en su accionar contra pandilleros que siembran diariamente terror y luto en el país. Eran beneficiados sin prisión, juicios rápidos, sentencias favorables comprobadas, mejores sueldos, chalecos y cascos blindados; armas sofisticadas, seguros de vida, aumento de personal y apoyo del Ejército.

La norma legal incluía además mayores condenas judiciales a criminales y precisas investigaciones para frenar el tráfico ilegal de fuerte armamento a nivel nacional e internacional en poder de sicarios que mataban por dinero a sus víctimas seleccionadas, en mayoría por no pagar extorsiones u otras razones, incluyendo a delincuentes enemigos por disputa de poder. También a inocentes bebés, niños, adolescentes, jóvenes, mujeres, hombres y ancianos, por cruzarse en su camino durante sus fechorías.

El combate a repudiables antisociales de alta peligrosidad significa hasta la muerte para los policías —suman más de 60, en su deber de dar seguridad al pueblo, o ser acusados de graves delitos por las propias autoridades—. Estaban privados de dispararles, permitiéndoles inauditamente mayor libertad para ejecutar sus fechorías.

Argumentaban los congresistas que si estos bribones asesinaban impunemente, debían recibir igual trato, para disminuir tan condenable calvario nacional. También estuvieron a punto de reanudar la aplicación de la pena de muerte, suspendida hace años.

Unos, interesados en corregir esta lacra que sufre el país y otros, argumentando que no resolvería tal brete. Un humilde señor de a pie, usuario de buses que ignoraba si regresaría vivo a casa comentó: “Tienen razón los señores diputados, ellos tienen vehículos blindados, guardaespaldas y residenciales con seguridad. Ignoran que estos gángster son cobardes y los espanta la pena capital”.

Recordé mi insistencia de aplicar severas medidas preventivas para evitar tragedias como la registrada en el Hospital Roosevelt, con siete muertos, 12 heridos y cientos de estresados. Abuso inhumano cometido por compinches para liberar a un compañero múltiple asesino que continúa libre. La posible solución al traslado de peligrosos reos a centros asistenciales data desde hace un año y hasta ahora se busca su tratamiento en un hospital exclusivo.

Evoqué además la necesidad de incluir cientos de potentes motos en la anunciada compra de patrullas, para ser manejadas por policías con facilidad en el apretado tránsito diario, bien armados, sin uniforme para no ser detectados, ejercer mejor vigilancia, persecución, captura y muerte de estos malévolos en casos apegados a las leyes, sin abusos, caso contrario de ser penados. Impacta aún el llanto lastimero de compañeritas de escuela de Emily y de familiares de bebés de escasos 1 año y 3 meses, respectivamente, brutalmente asesinadas a balazos.

Sugerí recientemente que en buses deberían viajar por lo menos dos policías encubiertos, aunque no diariamente por falta de suficientes elementos; sin embargo, constituye constante temor para los asaltantes. Dos o tres casos han dado resultados positivos, como uno en el Periférico, donde los atracos son diario.

Merecen reconocimiento las instituciones de investigación criminal, por sus acertados golpes aplicados durante los últimos meses a estructuras criminales, organizadas a no, incluyendo narcotráfico.

Sin embargo, falta mucho.

Esta ley no pudo ser cumplida porque estaba soñando. Desperté repentina, aberrante y frustradamente.