Opinión

Urbanismo y sociedad

Leyes antimaras, un fracaso ante lo social

Alfonso Yurrita

Alfonso Yurrita

Las debilidades del Estado de Guatemala se basan en una ausencia de estrategias y planes en materia de políticas de seguridad ante las amenazas del siglo XXI. Los acuerdos de paz de 1996 se establecieron al final de la Guerra Fría, cuando las amenazas a la seguridad nacional habían cambiado, así como las relaciones económicas en el mundo, cuando se estaba desarrollando un proceso globalizador y tecnológico. La “Seguridad Nacional” modificó por los gobiernos civiles las estrategias de los problemas militares. Cuando se exigían: “Recursos de todo orden, para satisfacer las necesidades relacionadas con la defensa de la Nación”. Los acuerdos de paz definían conceptos de defensa nacional como del siglo XIX: “defensa de agresiones armadas”. Y ahora envían al Ejército a la frontera norte, ante la presión de las políticas del presidente Trump, limitando su poder en resguardo de la seguridad de la Nación, las cuales provienen del narcotráfico y el crimen organizado. Con un concepto de Estado cada día más bajo. Donde las instituciones se han corrompido y una débil Policía es incapaz de cubrir el territorio nacional.

Después del ataque a las Torres Gemelas, Guatemala pasó a tener una posición geoestratégica dentro de la Cuenca del Caribe. El país vive una inseguridad producto de la nueva Low Intensity War internacional en que el “terrorismo, el crimen organizado y sobre todo el narcotráfico han creado una guerra urbana, desplazando a la guerra rural”. Donde se ha desarrollado una tercera generación criminal de pandillas juveniles de carácter internacional, las llamadas maras del narcotráfico, que por su estructura bien pueden ser involucradas en procesos terroristas. A las que pretenden crear una ley para contenerlas. Pero existe un Estado sin control y sin aplicar el artículo 20 de la Constitución, en cuanto a la retención de jóvenes que no se cumplen y tenemos esos conflictos carcelarios.

La globalización ha cambiado las actitudes, las formas de vida y las relaciones entre personas, como la de un joven que perdió el norte y utilizó su vehículo como arma para descargar su rabia a lo terrorista islámico en contra de la sociedad.

Guatemala, al igual que en muchos países de América Latina, ha empezado las guerras de los desbordes, con ideas como las de 1950 en que han sacado del baúl de los recuerdos viejos fantasmas que reproducen criterios macartistas en el contexto político, en que todo es comunismo y quisieran volver al pasado, sin Cicig ni Ministerio Público.

Mientras las fronteras terrestres, marítimas y aéreas son significativas en cuanto a la seguridad del Estado. Por lo que Guatemala está fallando en la estructuración de sus fuerzas de seguridad y de inteligencia, así como en políticas de desarrollo adecuadas donde no existe un presupuesto adecuado del Estado y seguimos teniendo una estructura social dentro de límites de subsistencia. Cuando en los acuerdos de paz se estableció un compromiso de Guatemala con los otros países de Centroamérica, como el Acuerdo de Seguridad Democrática de Centroamérica, de 1995, que establecía: “proteger al medio; erradicando la violencia, la corrupción, la impunidad, el terrorismo, el tráfico de drogas y armas” para la supervivencia de la sociedad en general. Seguimos de mal en peor, en que no solo son las pandillas las que afectan al sistema, sino es el mismo sistema completo que ha corrompido al Estado. Y ante la falta de planificación urbana, cooptada por los sectores económicos, el tránsito es un desastre, solo en lo que va del año han muerto 139 motoristas (P.L.).