Opinión

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Llamado a promover la libertad de la palabra

Antonio Mosquera Aguilar

Antonio Mosquera Aguilar

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Derecho indígena

Ante las palabras del secretario general del movimiento Semilla, Edelberto Torres Rivas, que “los indígenas son tristes y desconfiados”. Una parvada de chompipes intelectuales empezó a cantar: ¡racista!

El funcionario de PNUD repitió una tópica de la novela criollista. Cuando Entre la piedra y la cruz, Monteforte Toledo describe al altiplano: “Tierra igual que la gente india de por allá, con el pensamiento agitado e irredento detrás de los ojos espesos, sin violencia; pero capaz de engañar de repente y de herir a mansalva”. Evidencia su personalidad inadaptada. Lo dicho carece de cualquier grado de certeza para calificar a los habitantes de la región. Pero jamás se incinerará la novela.

La descripción cultural generaliza imperfectamente. Dar cuenta de las diferencias culturales que se cree son las más extendidas, es una manera anticuada de expresar una reacción emocional frente al grupo. La corrección implica abstenerse de tales afirmaciones, pues alguno puede darse por ofendido. No obstante, las generalizaciones que suponen alabanza parecen ser políticamente correctas.

Solo los fanáticos pueden objetar juicios sobre hechos experimentados. Sin mucha protesta, se puede expresar que el desempeño de Fodigua manejado por funcionarios calificados de “mayas” ha sido deplorable. Ese fideicomiso realizó un gasto similar, casi una copia, del efectuado por Fonapaz. El chorrito de pvc se reiteró. Jamás apoyo la afirmación de la nacionalidad pluricultural de los distintos pueblos del país. De eso no se sigue que todos los gerentes que reivindican un ascendiente autóctono son incapaces. Al contrario, se prueba que entre quienes reclaman una continuidad cultural, los hay pertenecientes a las políticas de los grupos dominantes y los excluidos que podrían aportar nuevos caminos de superación.

En cambio, los criterios elogiosos sobre habilidades presentes o sobre un futuro luminoso son aceptados. En Quintana Roo, Manuel Buenrostro Alba atestigua al proceso judicial maya como superior al vigente, porque las partes se conducen con la verdad. ¡Al fin se descubrió Omnibona, capital del reino de la verdad, cuyo Rey Prudenciano la dirige con sabiduría! El estudioso indica que aún falta mucho, porque a veces los jueces no están disponibles, ya que atienden su milpa.

Algunos países han establecido la distinción de grupos étnicos de manera legal. En el documento de identidad consta si una persona es hispánico, blanco, negro u otro. Los nazis establecieron que los ciudadanos alemanes podían calificarse como arios y judíos, con las consecuencias del caso. En el país, fuera de la calificación censal, no se ha establecido un estatuto étnico.

En la discusión sobre la pluralidad cultural del país, existen varias posiciones relativas al derecho. 1) Organizar tribunales de jurisdicción territorial integrados por nombramiento popular dentro de un organismo judicial único. 2) Señalar legalmente la pertenencia a una casta, grupo o pueblo, lo que implica sistemas judiciales separados. 3) Toda persona tiene derecho a elegir el tribunal y la manera como será juzgada, que opera con reglas diferentes. 4) Establecer jurisdicciones separadas con ramos establecidos, tales como penal ordinaria, penal militar, penal maya, civil ordinaria, laboral, etc.

¿Por qué dudar sobre la existencia de un derecho maya te convierte en racista? ¿Solo los caciferos apoyan la igualdad ante la ley? ¿Es lícito el chauvinismo neomaya? Se vilipendia de racista al que muestra alguna inadaptación con la pluriculturalidad. Se descalifican opiniones fundadas con falacias ad hominem. En las “consultas” solo se escucha a determinados personajes, se reprime a otros y se busca nombrar a los nuevos magistrados vitalicios.

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