Opinión

Catalejo

Lotería electorera puede aumentar

Mario Antonio Sandoval

Mario Antonio Sandoval

A causa de los símbolos utilizados para identificar a los “partidos políticos” guatemaltecos, las papeletas donde la minoría de ciudadanos aptos para votar marcan su X constituyen desde hace mucho tiempo verdaderos cartones de lotería. En las populares polacas de las ferias cantonales, caben doce ilustraciones donde los participantes depositan su maicito antes de gritar “¡lotería!” y esperar la pregunta “¿Qué quiere de premio, doña… la olla o la bacinica?” Al menos así ocurría por ái por los años cincuentas. Yo lo oí. Si participaran todos los partidos inscritos en este momento, dichos documentos de votación tendrían al menos el doble de tamaño. Pero ahora hay riesgo, al existir la posibilidad de tener dimensiones incluso mayores, si se hace realidad en el aumento de partidos.

A riesgo de provocar expresiones de asombro y talvez hasta de incredulidad, me permito informar o al menos recordar a los lectores la existencia en Guatemala de los desconocidos “partidos” Republicano Institucional, Libertador Progresista, Bienestar Nacional, Liberal de Guatemala, Mi País, Victoria, Ciudadanos Activos de Formación Electoral, Fuerza, Unidos y Productividad y Trabajo. No es chiste de mal gusto. Todos están inscritos, tienen dirección, sede, teléfono y secretario general, lo cual implica “asambleas generales”. Son “fuerzas políticas” absoluta y totalmente de cartón, por decirlo con diplomacia, y a ellas se unen otras 14, ya quitando del medio a los cancelados Patriota y Líder, así como al Social Demócrata Guatemalteco y Unión Democrática, ambos suspendidos.

De los restantes, algunos se encuentran en una cuerda floja y muy envaselinada: Corazón Nueva Nación, Unidad Nacional de la Esperanza y el lógicamente inexplicable —inefable— Frente de Convergencia Nacional (FCN-Nación), unidos por su imposibilidad de explicar el origen de muchos de sus dineros, por lo cual están a punto de irse a acompañar al Patriota y al Líder. Otros causan sonrisas porque sus nombres evocan conceptos abstractos imposibles de aplicar en nuestro medio: Gran Alianza Nacional, Unión del Cambio Nacional, ¿qué cambio? Unionista, ¿qué unión?, mientras los demás son simpáticas siglas, Creo, por Compromiso, ¿de qué? Renovación y Orden; Viva, por visión y valores, ¿cuáles? siglas ya superadas, URNG, o la palabra en lengua maya Winak.

De todos ellos, solamente Winak y URNG tienen algún asomo mínimo de ideología. Los demás, sin excepción, no pueden responder a la básica pregunta de dónde están en el espectro político ideológico actual y contribuyen con ello a afianzar la imagen de tribus políticas ahora compartidas por las agrupaciones centradas en una figura deseosa de llegar a la presidencia. Pero para desmayo ciudadano, están en cocimiento siete (!!!) nuevas agrupaciones: Popular, Nacionalista, Vamos, Avanza, Movimiento para la Liberación de los Pueblos y Humanista. Se les agrega la intentona de convertir al tan cuestionable Comité de Desarrollo Campesino en otro miembro de la difícilmente ilustre caterva —chumul, dírían los patojos actuales— de autonombrados salvadores de la patria.

Este variopinto listado permite comprobar el error de la buena intención constitucional de permitir la ahora incontrolable apertura de “partidos”. No lo son, realmente, aunque en Guatemala se insista en llamarlos así. Desde 1984 ha nacido y fallecido casi un centenar de estas pintorescas entidades, de donde en la práctica han emanado no solo el desprestigio del concepto serio del partido político, sino la eliminación del entusiasmo de ciudadanos igualmente serios por participar en política, calificada a causa de eso como una actividad intrínsecamente nefasta. Mientras no se realicen los cambios urgentes para controlar la natalidad de estas agrupaciones, los votantes deberán preparase para recibir en las elecciones cartones papeletas electorales de media vara de largo, o incluso más.