Opinión

Catalejo

María: nuevo insulto

Mario Antonio Sandoval

Mario Antonio Sandoval

Poca duda cabe, Guatemala parece ser el país donde reina el ridículo. Los dirigentes de la Comisión Presidencial contra la Discriminación y el Racismo (Codisra) obligaron a la señorita María Andrea Flores a disculparse públicamente porque las blusas inspiradas en colores y diseños de algunos huipiles indígenas guatemaltecos se venden con la marca María Chula. Ellos consideran discriminatorias y racistas esas dos palabras y presentaron una denuncia al Ministerio Público. Los efectos de tal metida de pata han sido contraproducentes, porque le dieron la razón a quienes consideran a entidades como esta el lugar de refugio de gente necesitada de justificar su sueldo con dinero estatal, y de tomar decisiones irreflexivas y, sobre todo, rayanas en el ridículo.

María es un nombre muy común en Guatemala, por razones religiosas relacionadas con la Virgen. Considerarlo un insulto parece broma de mal gusto. “Chula” es una palabra clasificada en el Diccionario de la Lengua Española, y uno de sus significados, el empleado en Guatemala, es “linda, bonita, graciosa, guapa”. Ciertamente, gente malcriada y tonta lo emplea para referirse a las mujeres indígenas, pero tal mala costumbre de hecho casi ha desaparecido en los guatemaltecos de menos de 40 años, es decir la mayoría de la población. Cuando los “codisreros” actúan como lo hicieron, no solo provocan críticas muy justificadas en las redes sociales, sino se exponen a una exigencia generalizada para conocer quién los nombró, cuánto ganan y cuál es su tarea.

La joven empresaria de textiles ahora acusada de racista e insultante, tuvo la idea de diseñar blusas, de colores encendidos y de gran belleza, a precio razonable y por medio de internet. No son huipiles, ni partes de ellos, se están utilizando con propósitos decorativos. Lo peor: si es tanta la ofensa, los censores deberían haber exigido el cierre de la empresa, pero al no hacerlo, la única interpretación de lo ocurrido es un deseo de humillación. Codisra se encuentra ahora a la defensiva y solamente le queda pedir disculpas públicas a todas las mujeres guatemaltecas llamadas María, porque es ridículo considerarlo directa o indirectamente un insulto. Su tarea necesita de mucha serenidad y de entender cuáles son en realidad las discriminaciones contra las mujeres.

Cicig tendrá apoyo

Las declaraciones ante el Senado estadounidense de Luis Arreaga, el embajador nombrado por Donald Trump para Guatemala, no dejan lugar a dudas: continuará apoyando al Ministerio Público y a la Cicig si es confirmado en el puesto. A nadie le debe sorprender lo expresado por el diplomático, porque el cambio de la persona a cargo de un puesto específico, de ninguna manera significa alteraciones en la línea de actuación, comentarios y actitudes. Los embajadores siguen instrucciones de su gobierno, y estas se originan de una serie de factores, entre los cuales sobresalen los intereses del país. A mi juicio, las declaraciones tan específicas constituyen un resultado indirecto de los aspavientos protagonizados por guatemaltecos.

Ciertamente, aún antes de ser confirmado y de tomar posesión, el embajador estadounidense Arreaga ya mueve las aguas chapinas, como ha ocurrido siempre. Se trata de un caso en realidad muy particular, porque por primera vez viene un representante de un país extranjero cuyo país de nacimiento es Guatemala, donde de seguro tiene viejas amistades del colegio y del barrio. Pero soñar con cambios fundamentales en las posiciones actuales estadounidenses es prueba de ingenuidad o de desconocimiento de cómo funcionan las cosas. Quienes están nerviosos por la llegada del nuevo embajador deberían calmarse y esperar si es confirmado y, cuando eso ocurra, interesarse en analizar sus primeras declaraciones y acciones cuando entregue sus cartas credenciales.

Cicig tendrá apoyo

Las declaraciones ante el Senado estadounidense de Luis Arreaga, el embajador nombrado por Donald Trump para Guatemala,  no dejan lugar a dudas: continuará apoyando al Ministerio Público y a la Cicig si es confirmado en el puesto. A nadie le debe sorprender lo expresado por el diplomático, porque el cambio de la persona a cargo de un puesto específico, de ninguna manera significa alteraciones en la línea de actuación, comentarios y actitudes. Los embajadores siguen instrucciones de su gobierno, y estas se originan de una serie de factores, entre los cuales sobresalen los intereses del país. A mi juicio, las declaraciones tan específicas constituyen un resultado indirecto de los aspavientos protagonizados por guatemaltecos.  

Ciertamente, aún antes de ser confirmado y de tomar posesión, el embajador estadounidense Arreaga ya mueve las aguas chapinas, como ha ocurrido siempre. Se trata de un caso en realidad muy particular, porque por primera vez viene un representante de un país extranjero cuyo país de nacimiento es Guatemala, donde de seguro tiene viejas amistades del colegio y del barrio. Pero soñar con cambios fundamentales en las posiciones actuales estadounidenses es  prueba de ingenuidad o de desconocimiento de cómo funcionan las cosas. Quienes están nerviosos por la llegada del nuevo embajador deberían calmarse y esperar si es confirmado y, cuando eso ocurra, interesarse en analizar sus primeras declaraciones y acciones cuando entregue sus cartas credenciales.