Opinión

Imagen es percepción

Mercaderes de la salud

Brenda Sanchinelli Izeppi

Brenda Sanchinelli Izeppi

La situación de salud pública que se vive en el país es caótica y continúa siendo un problema que no ha recibido la debida atención por parte del actual gobierno.

Ante este panorama, la persona que no paga un seguro médico está a la deriva y expuesto a ir a parar a un hospital estatal, situación que podría convertirse en una verdadera pesadilla.

El deterioro de la sanidad pública —situación provocada o no— ha propiciado que los avorazados empresarios chapines hayan visto en el negocio de la salud una auténtica mina de oro, por la creciente demanda de servicios sanitarios. Sabiendo que todo lo relacionado con este tema genera ganancias millonarias; léase empresas que ofrecen seguros médicos, hospitales, farmacias, centros de diagnóstico y médicos.

La necesidad de la gente de adquirir un seguro médico a “bajo costo” ha hecho que la salud privada sea un negocio rentable y ha motivado la oferta de empresas aseguradoras que le están sacando partido a la situación, ofreciendo consultas externas y hospitalización. El problema es que cuando se hace uso del seguro, muchos usuarios se percatan de la baja calidad del servicio y la poca experiencia de los médicos que atienden.

Las pólizas vienen con letra muy pequeña, y si usted no aprende a leer entre líneas “ciertas condiciones”, claramente se llevará una gran sorpresa, percatándose de que este seguro no era lo que usted esperaba.

Si hablamos de los hospitales privados, es terrible la manera en la cual cobran, además de haberse convertido en un ámbito deshumanizado. Aunque es obvio que es un negocio y deben tener ganancias, existen personas que se han quedado en la quiebra teniendo que pagar la cuenta de un hospital, y aun contando con cobertura de un seguro, las facturas son exorbitantes, sin que nadie les ponga un límite o se rijan a un arancel, por lo que entrar a un hospital privado es un golpe duro para el bolsillo de cualquiera.

El paciente, ¿o deberíamos llamarlo “el cliente”? recibe una atención de parte del personal que trabaja en hospitales o clínicas de médicos que deja mucho que desear; en general son personas que se comportan con frialdad y poca amabilidad con el paciente, olvidándose de que están tratando con la “vida y salud de seres humanos” y que por encontrarse enfermos son más sensibles y necesitan un trato más humano.

Otro aspecto importante son los medicamentos, cuyos precios comparativamente con tarifas de otros países de CA son los más elevados de la región. Algunas medicinas vitales se duplican hasta en un 100% de su valor.

Por último, es terrible la actitud de algunos médicos, que en la práctica de su oficio han abandonado el Juramento Hipocrático, anteponiendo el dinero a la vida.

En situaciones de enfermedades graves, algunos facultativos hablan con mucha rudeza a la familia o incluso al enfermo. Pero esta actitud es cuestión de ética profesional y valores humanos, aplicados a una carrera profesional que necesita médicos que no quieran solo llegar a enriquecerse, sino a servir a la humanidad. ¿Será que se equivocaron de carrera? Debemos recordar que impulsar la dignidad humana de los enfermos y en especial la de los más necesitados es un deber de todos, más aún de los galenos.

La intermediación privada ha convertido los servicios de salud en inalcanzables, por lo que hacen falta regulaciones y controles del Estado para evitar cualquier tipo de abusos. Este es un tema urgente que nos concierne a todos, porque cualquier persona puede enfermar y ser una víctima más de este relativamente nuevo brutal sistema. El Ministerio de Salud debe regir y revisar a las empresas privadas que están prestando este tipo de servicios.