Opinión

Pluma invitada

Mi hermano, mi primo

Pablo Rodas Martini

Pablo Rodas Martini

Ambos me son muy cercanos. Mi hermano y el primo con el que he tenido más relación desde hace muchos años. Mi hermano tomó la batuta dejada hace poco por mis padres, y si alguna vez vuelvo a Guatemala será para verlo a él y a su familia. Mi primo es menor; mi relación era con su hermano mayor, hasta que los militares lo desaparecieron, y sin duda el cariño y la estima se trasladó hacia él. Mi hermano fue líder estudiantil en la Usac, escuchaba música de protesta, tenía libros “prohibidos” como los diarios de El Ché en Cuba y Bolivia, los cuales yo también leía, entiendo que la guerrilla lo trató de engatusar, pero años más tarde optaría por la centro-derecha cuando decidió afiliarse al PAN, y al escindirse este, pasaría al Partido Unionista. A mi primo lo han acusado de ser parte de la URNG cuando en ese entonces apenas si era un adolescente; me siguió en la pasión por el ajedrez y más adelante, cuando disputé el liderazgo de la Juventud de la Democracia Cristiana, me acompañaría a reuniones en el interior del país. Sería el padrino de bautizo y comunión de mis hijos.

Ambos no han cesado de prepararse, acumulando maestrías y otros estudios de posgrado. Ambos llevan la política en la sangre, como en un tiempo también me ocurrió a mí. Ambos se llevan de maravillas, y pueden pasarse horas conversando. Yo ya tengo un buen número de años de no compartir esas tertulias, pero asumo que el 90% del tiempo seguirán hablando de política. Mi hermano se encuentra en la centro-derecha; mi primo, en la centro-izquierda. Asumo, por tanto, que discreparán en cuatro de cada cinco puntos que discutirán, pero todo en medio de carcajadas, bromas, y una mesa con comida sabrosa y un par de cervezas muy frías. El primero es el brazo derecho de Álvaro Arzú en la Municipalidad y en el Partido Unionista; el segundo es el procurador de Derechos Humanos.

Ambos son parte del conflicto institucional y político que enfrenta a Guatemala y, por supuesto, se encuentran en bandos opuestos. En un lado está el presidente Jimmy Morales, el alcalde Álvaro Arzú, sus partidos y partidos afines (quienes controlan por ahora el Congreso), y parte importante del sector empresarial. En el otro lado está la Cicig (las embajadas de EE. UU. y europeas), el Ministerio Público (MP), la Corte de Constitucionalidad (CC), el resto del Congreso, lo que queda de partidos de izquierda, la mayoría de la sociedad civil no empresarial y… el procurador de Derechos Humanos.

La batalla es bestial. La Cicig y el MP han tenido victorias consecutivas por un buen número de años, y acorralaron al presidente. Por un momento parecía que Morales también se iría a la cárcel. Al final partidos afines le lanzaron el salvavidas y a partir de ahí recuperaría fuerzas. Después el hijo de Arzú se afianzó como presidente del Congreso, y aunque la CC trató de revertir la decisión, no lo logró. Iván Velásquez sufrió otra derrota al fracasar con el antejuicio contra Arzú; mientras los procesos contra Otto Pérez y Álvaro Colom tenían sustentos muy sólidos, la acusación contra Arzú es mucho más débil. Y con la inminencia del cambio en el MP más bien parecería que la balanza se inclina hacia el otro lado, y que Iván Velásquez no tendrá otra alternativa que renunciar.

¿Pero quién se atreve a predecir la política guatemalteca? La veleta en el tejado puede cambiar de dirección en cualquier momento. ¿Qué tal si el nuevo MP sigue la línea de la actual? ¿Qué tal si la Cicig y el MP presentan otros casos contundentes que debiliten el frente Morales-Arzú? Lo único inobjetable es que la batalla es a muerte (uso la palabra en sentido figurado, por supuesto).

Mi hermano y mi primo no son los protagonistas. Ambos son actores de reparto, pero con roles clave. Y no lo hacen por interés, sino porque están convencidos de que pertenecen al bando correcto. Ambos seguirán discrepando en casi todo, pero en reuniones de familia continuarán las carcajadas, las bromas, dos platos de comida sabrosa y un par de cervezas muy frías.

@pablorodas