Opinión

Ventana

Miguel Ángel Asturias vive

Rita María Roesch

Rita María Roesch

¿Podríamos vivir sin leer? Leer nos cambia la vida. A mí, Miguel Ángel Asturias me marcó. Es uno de mis autores preferidos. Despierta esa Guatemala que llevamos adentro. Es por eso que me alegró profundamente que en la Feria Internacional del Libro en Guatemala (Filgua), que se llevará a cabo del 13 al 23 de julio, “El Mundo de Asturias” será el invitado de honor. Diversas actividades se realizarán en torno a su obra monumental. Se conmemoran 50 años del Premio Nobel de Literatura. Filgua, en esta edición 2017, reconocerá también a una mujer de las letras guatemaltecas: Margarita Carrera, poeta, narradora y ensayista. Fue mi catedrática cuando cursaba Letras y Filosofía en la URL. En 1996, el Ministerio de Cultura y Deportes (MCD) le otorgó, el Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias. ¡Desde mi Ventana, Margarita, le mando un fuerte abrazo!

A finales de los años 1980, realicé para el MCD una documental sobre la vida del maestro Asturias, titulada Miguel Angel Asturias vive. Ese título lo inspiró su poema Credo, escrito en 1955, en honor de Simón Bolívar. Principia así: “Creo en la libertad madre de América, creadora de madres dulces en la Tierra, y en Bolívar…” Consideré que los chapines podríamos decir lo mismo de nuestro poeta y escritor, sobre todo, en los versos del final: “…creemos en la resurrección de los héroes, en la vida perdurable de los que, como tú, libertador, no mueren, cierran los ojos y se quedan velando”. Porque Miguel Ángel Asturias no ha muerto. Vive en cada volcán y en cada pueblo de Guatemala. Guatemala fue su inspiración, fue su dolor, fue su amor eterno. La describió, la imaginó, la soñó. Nos la entregó en cada palabra, en cada verso, como una ofrenda especial.

En septiembre de 1966, un año antes de que se le otorgara el Premio Nobel de Literatura, Asturias visitó la Usac. En su honor, intelectuales chapines y estudiantes universitarios realizaron un coloquio sobre su obra. “En Hombres de Maíz”, comentó el maestro Asturias, “aparece mucho de la época que yo pasé en Salamá, en la casa de mi abuelo. Tendría yo unos cinco o seis años…” Desde niño, Asturias “¡se enamoró de Guatemala!”, cantó el Clarinero. De una Guatemala cargada de mágicas leyendas, contadas por los caminantes que posaban en el traspatio de la casa de su abuelo en Salamá, y también en su casa, en la ciudad capital, en el barrio de la Candelaria. Lo confirmó cuando dijo: “Uno de niño asistía a estas conversaciones. Todos estos aspectos indudablemente fueron quedando impregnados en mi sensibilidad…”

El terremoto en 1917 destruyó la ciudad capital y sacudió internamente a Miguel Ángel: “Yo tenía dieciocho años. En ese momento, recuerdo que, a la luz de los candiles, empecé a escribir mis primeros cuentos sobre los sufrimientos que veía y sobre la gran tragedia que alteraba el ritmo de nuestras vidas”. Toque de ánimas pertenece a esta época. Fue su primer cuento. Junto con sus amigos, estudiantes universitarios, formaron la brillante generación de los 20. Entre ellos están Juan Olivero, David Vela y Epaminondas Quintana, quienes al caer Estrada Cabrera sintieron la responsabilidad de reconstruir Guatemala con un espíritu nuevo. Asturias terminó la Licenciatura en Derecho y viajó a París en 1924. En el ambiente parisino evocó vivencias de su lejana Guatemala y descubrió su misión de escritor. Aquí conoció a Paul Válery, Picasso, Unamuno… y empezó a contarles de Guatemala. En los cafés bohemios de Montmartre afloraron anécdotas de los dictadores hispanoamericanos. Dice Asturias: “Hilando esas anécdotas a mi cuento Los mendigos políticos empezó a surgir El Señor Presidente”, una de sus aclamadas novelas. Antes de morir, en 1974, declaró: “En mi vida escogí un camino, el camino del pueblo de Guatemala.”

clarinerormr@hotmail.com