Opinión

Catalejo

Morales y su gente deben rendir cuentas

Mario Antonio Sandoval

Mario Antonio Sandoval

Por cierto, debo disculparme con los soldados y los agentes de la Policía Nacional Civil, cuya labor ha sido y está siendo muy meritoria en esta tragedia. Ciertamente recibieron órdenes, pero las cumplieron con gusto y con estoicismo, a veces a riesgo de sus vidas, como todos los voluntarios. Mientras, el presidente Morales continúa en su show. El miércoles, luciendo su impecable chaleco anaranjado, pidió bendiciones a Dios para quienes pusieron alma, corazón y vida en ayudar a los demás. Pero solo llega a los lugares donde ya el trabajo principal se hizo. No estoy enterado de alguna visita a centros de acopio alejados de los focos, o a lugares de ayuda a los damnificados y hospitales, y sí conozco de sus negativas para responder a los periodistas independientes.

Ha llegado el momento de rendir cuentas. Conforme pasa el tiempo se ha informado de toda una serie de acciones irresponsables, entre ellas el momento de la alarma lanzada por el Insivumeh y no atendida por la Conred. Este tipo de fenómenos naturales son inesperados y súbitos, pero la falta o sobre todo el descuido de emitir las alarmas son actitudes imperdonables. Yo me encontraba en La Antigua, a unos pocos kilómetros, y me despertaron los inusuales retumbos, por su alto estruendo, y pensé en la inminencia de una erupción, pero luego la niebla cubrió al Volcán de Fuego. A mi modo de pensar, los encargados de esas instituciones debían haberse dado cuenta de la necesidad de una alarma inmediata. En el club La Reunión no hubo víctimas porque se aplicaron los protocolos de seguridad para evacuar en casos de emergencia.

Jimmy Morales tuvo, en esta tragedia, la prueba evidente de su propia incapacidad y de la de quienes ha colocado en puestos donde se necesita conocimiento real y sobre todo capacidad de identificar situaciones graves. Pero es claro su descuido de temas básicos. Desde el domingo circuló un rumor: el presidente habría sido informado pero decidió no actuar, para luego aparecer con los cuerpos de socorro enviados gracias a la acción gubernativa y aprovecharlo políticamente. Nadie pensó en la magnitud del fenómeno natural, convertido en pocos minutos en una de las peores tragedias naturales de nuestra historia, tal vez no tanto por la pérdida de vidas (el terremoto de 1976 provocó 25 mil muertes), sino por el descuido de los encargados y de las más altas autoridades del país.

Otra increíble acción del gobierno fue el atraso de la cancillería para autorizar la llegada de ayuda del exterior, salvo la llegada, el miércoles por la tarde, de un avión estadounidense para trasladar a niñas quemadas. En la frontera se impidió entrar a cuatro camiones con alimentos y ayuda recolectados por salvadoreños católicos y hay médicos cubanos en Guatemala listos para actuar. Un declarante oficial lo explicó así: hay protocolos para evitar la llegada de alimentos con gérmenes. La canciller, al ser cuestionada aseguró: “No hay que llorar sobre la leche regada” ¡¡¡Incapacidad por todos lados!!!, gracias al nombramiento de amigos. Tal falta de criterio se presenta también en el mandatario, quien debe despertar y darse cuenta de cómo será de lamentable su corto paso por la historia nacional.

Por si no fuera poco, en otro caso de estulticia e irresponsabilidad delirantes, los diputados oficialistas se confabularon para proteger al ministro Alfonso Alonzo, quien por elemental lógica debió haber renunciado o haber sido despedido. El apoyo presidencial a este personaje constituye una vergüenza y una burla para quienes en realidad votaron a favor de él y no en contra de Sandra Torres. Debe escuchar los duros comentarios en su contra provenientes de presentadores internacionales, a fin de no caer en el mecanismo de defensa psicológica de considerar las críticas como el producto de gente obcecada, incapaz de ver los evidentes beneficios de su tarea. Por eso debe pensar en un cambio inmediato de actitud y en sacudirse de los consejos de gente incapaz, malintencionada o corrupta.