Opinión

Imagen es percepción

No pierda el espíritu de la Navidad

Brenda Sanchinelli Izeppi

Brenda Sanchinelli Izeppi

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Brenda Sanchinelli Navidad

Estos días son ideales para meditar y no dejarnos absorber solo por los convivios, fiestas, regalos, ropa, etc.  Con este frío que hace,  lo invito a detenerse por un instante, vaya a su sillón favorito, tápese bien,  beba una taza de ponche, coma unas deliciosas galletas y vea una buena película que lo hará llorar y reír de emoción, pero también meditar.

Ebenezer Scrooge representa la pérdida del espíritu de la Navidad y, luego, el milagro de recuperarlo, encarnado en la gran obra Canción de Navidad, de Charles Dickens (1843). El autor consigue hacer creer al lector en los milagros y en la esperanza que simbolizan estos días navideños, época en que cualquier corazón humano, por duro que sea, puede derramar una lágrima por los recuerdos de su vida pasada, por la soledad y tristeza de su presente o por la incertidumbre de su futuro.

Esta novela ofrece una exquisita y conmovedora historia navideña y pocos personajes pueden vincularse tanto a estas fechas como Ebenezer Scrooge. El cuento es corto y simple, pero el protagonista representa el actuar de muchas personas que viven obsesionadas por el dinero o una vida superficial y vacía.

El viejo Scrooge era un hombre rico y amargado al que solo le interesaba acumular riquezas, incapaz de manifestar algún tipo de sentimiento de compasión por quienes le rodeaban. De corazón duro y egoísta, le disgustaba sobremanera la Navidad. Vivía aislado y tampoco le importaba el bienestar de los demás, incluyendo su propia familia. Así transcurría su triste y solitaria existencia, pero una noche de navidad es visitado por tres fantasmas: el de las Navidades Pasadas, el de las Navidades Presentes y el de las Navidades Futuras. Todas las apariciones le advierten de que debe cambiar sus actitudes avaras y crueles, o sufrirá un destino terrible.

Los fantasmas le hacen ver su muy triste y solitaria infancia, su presente lleno de egoísmo y soledad, y su futuro en una fría tumba a donde no podrá llevar ni un solo centavo que ha acumulado por años de avaricia, sin que a nadie le importe su muerte, porque jamás brindó amor ni amistad a nadie.

El final de esta historia es muy emotivo porque Scrooge entiende el mensaje y la oportunidad que Dios le da de cambiar su vida. Él está agradecido por recibir un segundo chance, comprende que debe cambiar de actitud, y sale eufóricamente a las calles para regalar comida y dinero a la gente pobre para compartir con ella la alegría y la felicidad de Navidad.

Han trascurrido 174 años desde que el genial Charles Dickens escribió este clásico cuento navideño y hoy esta historia tiene más vigencia que nunca.

¿Cuántos Scrooges viven en el 2017, sin pensar en los sentimientos de sus semejantes, en la pobreza o la enfermedad que otras personas están sufriendo? Cada persona vive con indiferencia sin importarle lo que pasa a su alrededor, la agenda es acumular riquezas o simplemente gozar la vida, pero muy alejados de las cosas espirituales y del amor a la familia.

El final optimista y lleno de esperanza nos deja una bella enseñanza: “Sí es posible cambiar radicalmente nuestra vida, cualquier persona, aún el más cruel, miserable y corrupto de los hombres, podría transformarse en un ser noble y caritativo”. Algunos pueden pensar que este es un simple cuento de fantasía, pero justamente eso es lo que simboliza la Navidad, “que lo imposible puede llegar a ser posible”.

Los milagros llegan a quienes tienen fe. Y, ¿Por qué no?, si estamos celebrando la venida de Jesús, que vino a darnos el gran regalo de la salvación. Esta Navidad, despojémonos de ese Scrooge que llevamos dentro, regalemos a los demás generosidad y amor. ¡Feliz Navidad, queridos lectores!

imagen_espercepcion@yahoo.com