Opinión

Con nombre propio

Notas sobre la nueva alianza

Alejandro Balsells Conde

Alejandro Balsells Conde

Diego Valadés es un gran autor mexicano de Derecho Constitucional y  nos señala: “Si la debilidad constitucional dio lugar a los hombres fuertes, la irregularidad constitucional está propiciando poderes encubiertos… En general, en el ámbito del constitucionalismo democrático, no se discute acerca de la vigencia de las libertades públicas, pero sí se cuestiona la aptitud para controlar el ejercicio del poder, que en última instancia representa un riesgo para las libertades públicas”. Este párrafo viene como anillo al dedo para comprender lo que ocurre en nuestro ambiente político y jurídico.

El poder es una tentación, como esa es una condición humana, se han “inventado” mecanismos para controlar el poder, porque cualquier abuso produce una amenaza a la libertad de todos y al vivir amenazados hay violencia.

Nuestro sistema de gobierno es “republicano, democrático y representativo”. Al decir republicano se refiere a que existen instituciones que ejercen el poder y además existen otros órganos que controlan ese poder y todos los actos de poder son públicos. Al señalar democrático se pretende que quienes mandan o ejerzan función pública hayan sido electos de forma libre y competitiva, mientras que lo de representativo es porque al votar damos nuestra delegación a quienes encarnarán, por un cuatrienio, los poderes Legislativo, Ejecutivo y la gestión municipal.

Si vivimos en una República, ¿por qué el presidente no atiende a la prensa y cuando acude a los medios lo hace a los canales de televisión abierta, cuyo funcionamiento es dudoso porque hay sombras de clientelismo político, o a una radio vinculada con Luis Rabbé, quien siendo diputado se fugó al extranjero para no enfrentar los procesos que tenía encima? No conozco a don Luis Rabbé, pero él ha insistido en que su persecución es política y ahora también el presidente y sus huestes dicen lo mismo, así que es fácil concluir que hay uniformidad en el discurso. De hecho, ni para el temblor el presidente dio la cara a la prensa. Si fuéramos vecinos de Tacaná sentiríamos frustración.

Si la actitud presidencial es esquiva y huraña, la de nuestro vicepresidente es peor. Un académico, exdecano de la Facultad de Medicina y exrector de la Universidad de San Carlos, tiene que tener mucho más vocación democrática, pero sobre todo, debe comprender la dimensión de la crisis, no por la coyuntura, sino porque los antecedentes que se tejen por este gobierno son nefastos para la democracia y la república. Mencionamos tres:

1. Sobre el partido de gobierno pesa la sombra de el Fantasma, Marlon Monroy, un narco regional que conforme reportes periodísticos habría aportado US$500 mil al FCN. Esto es fundamental aclarar y si en esto no estamos de acuerdo, vivimos en una sociedad de hampones.

2. Se revive el abuso más grande que la Democracia Cristiana cometió, como lo fue la protección que logró el diputado Elián Darío Acuña por un antejuicio por el homicidio de la señorita Jane Soraya Garza Alesio.

3. Se perdió la efectividad del control republicano porque las razones políticas que se han dicho son excusas de impunidad.

Argumentar que se protegió “la institucionalidad” al rechazar el antejuicio presidencial es absurdo, porque fue la institucionalidad la promotora del proceso —IVE, TSE, MP—, solo falta que digan que en el Banco de Guatemala hay complotistas.

La moraleja está clara: acá mandan los poderes encubiertos y por eso el presidente y su vice hicieron alianza con quienes también tienen “fantasmas” sobre sus cabezas, pero sobre todo, optó por pasar a la historia como un anodino más, porque en 20 años se le recordará sólo como a Elián Darío Acuña.

@Alex_balsells