Opinión

Pluma invitada

Otro año del siglo XXI que no perdona

César Augusto Sagastume

César Augusto Sagastume

En esta época de adviento y reflexión es necesario que los guatemaltecos nos  apeguemos a nuestra fe cristiana para implorar que renazcan en la mente y en el corazón de quienes nos gobiernan  los mandatos divinos, ya que es el momento de enderezar el camino y romper este círculo vicioso de corrupción,  pedir que el hijo del Padre nazca en nuestro ser, para que podamos ser probos y trabajar para evitar que la humanidad se autoextermine. Como generación actual debemos cumplir con el principio de dejarla mejor que como la encontramos.

Debe terminar ese juego perverso de siempre: la elección de la junta directiva del Congreso de la República y la negociación del Presupuesto General de Gastos y Egresos de la Nación, que promueve excelentes dividendos para los que juegan con los intereses genuinos del pueblo, que sigue galopando en torno a la pobreza, desnutrición, inseguridad y falta de servicios de calidad, sobre todo en educación y en salud, aspirando a una oportunidad de trabajo digno y de recibir los beneficios que el Estado tiene obligación de proveer a sus ciudadanos.

Es momento de hacer un alto para enderezar el camino. Digamos no al paternalismo y al populismo que se promueve en los programas que comprometen la libertad ciudadana de elegir mediante el voto a los menos aptos, quienes se aprovechan de la pobreza, suministrando productos que no llegan a los más necesitados y no resuelven el problema del hambre y el flagelo de la desnutrición.

No se puede obviar que la grey política tiene la obligación de dialogar y negociar en términos de honestidad y transparencia, a fin de lograr que se cumplan los mandatos constitucionales de prestar atención a las necesidades más urgentes de la población, los cuales deben beneficiar a la sociedad y no solamente cubrir los intereses personales de aquellos pocos privilegiados.

Es seguro que en la elección de la junta directiva del Organismo Legislativo se pondrán, como ya es costumbre, en juego los intereses económicos, y así ocurrirá en el listado geográfico de obras, la elección de magistrados de las distintas cortes que respaldan actos de corrupción y que por arte de magia votan por unanimidad, aunque el resto de veces vuelven a surgir las diferencias, lo cual no permite llegar a acuerdos para aprobar las leyes más importantes para beneficiar a los grupos más vulnerables.

Cuando el “honorable” Congreso de la República se pone de acuerdo y pone en duda que las negociaciones tuvieron que efectuarse, como siempre, pasando dádivas bajo la mesa y dejando buenos dividendos para derrochar en la incursión en las próximas elecciones sin ser cumplidas sus pretensiones, dejan en suspenso los procesos, verbigracia la elección de la nueva junta directiva de ese organismo del Estado, es señal de que se vuelve a la misma práctica del pasado y de que la lección no se aprende para enmendar los eternos errores.

Al cerrarse otro ciclo, se le debe poner fin ala danza de las argucias. No más negociaciones espurias, no más procedimientos que satisfagan momentáneamente la necesidad de hambre, y no más aprovecharse de los recursos del pueblo para intereses personales.

Es hora de que los diputados trabajen en favor de los intereses de la población, a fin de que todos los guatemaltecos podamos convivir con felicidad, prosperidad, respeto a la patria y, sobre todo, amor a Dios.

checharin.sagas@yahoo.com