Opinión

URBANISMO Y SOCIEDAD

País de mentira

Alfonso Yurrita

Editorial

¿Cuál será nuestro futuro ante la corrupción y la violencia que ha hecho que nadie confíe en nadie? Los gobernantes desconfían de los gobernados y viceversa, los patrones de los trabajadores y viceversa, y sigue una amplia lista.

¿Y qué nos espera? Kris Kobach, asesor de inmigración de Donald Trump, en una explicación sobre los números que usa el presidente para hablar de los dos a tres millones de indocumentados con antecedentes criminales que pueden ser deportados bajo la política que planea establecer el gobierno republicano, en su primera entrevista tras las elecciones, dijo: “Lo que haremos es agarrar a la gente que son criminales y tienen historial criminal, miembros de pandillas, narcotraficantes, donde mucha de esa gente, probablemente dos millones, podría ser tres millones, estrategias de algo que deriva del pueblo y justifica con esto su decisión de echar de los Estados Unidos a los que no le parecen, con su frase: “Estados Unidos Primero”, dirigido a las corrientes políticas que buscan el apoyo de las clases populares (WP). “Con las decisiones que está tomando Trump solo confía en sus “pulsiones” sicopáticas y en los que adulan sus modos insultantes y engañosos. Sus políticas proteccionistas y el rechazo a la globalización llevarán al país a la decadencia como primera potencia. Las restricciones al comercio provocarían que, por efecto contagio, disminuyeran las exportaciones de EE. UU. hacia otros países (El País)”. Esto traería la consabida pérdida de puestos de trabajo con efectos en nuestros conciudadanos y remesas, que acarrearía además un encarecimiento de nuestras exportaciones, golpes a nuestra economía.

Lo que olvida son los “Informes de la Organización de Naciones Unidas de grupos de derechos humanos y de centros de estudio, como, apostilla el servicio del Instituto de Estudios Económicos, que recuerda que el libre comercio crea la prosperidad necesaria para sustentar el estado del bienestar. Pero la oficina de Foreign Relations de Nueva York describe un panorama brutal en una región castigada ya hace mucho por la pobreza, la desigualdad y, en algunos casos, las guerras civiles. Resulta que el Triángulo Norte: Guatemala, El Salvador y Honduras, se enfrentan a niveles de violencia extrema, agravados por la delincuencia organizada transnacional y el tráfico de drogas. Según estudios realizados por Unodc, tienen hoy en día una de las tasas de homicidio más altas del mundo. Los habitantes de Centroamérica consideran el crimen y, particularmente, la violencia criminal, como una amenaza latente.

Esta violencia está en gran parte atribuida al aumento del tráfico de cocaína a través de la región. Aunque esta asociación es en parte cierta, la situación resulta mucho más complicada de lo que comúnmente se piensa. Atrapados a medio camino entre los productores de cocaína del sur y sus ávidos consumidores del norte, Guatemala, Honduras y El Salvador enfrentan una situación crítica y muestran cifras de homicidios que “cortan el aliento”. Esto ya habíamos señalado que iba a suceder respecto de los acuerdos de paz de Colombia.

Como ejemplo de la violencia que se vive tenemos el hecho sucedido este miércoles en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción a jóvenes llevados allí por los jueces, debido a la violencia, y que Mr. Bronfield no vio. El día anterior los hombres trataron de escapar y por un incendio provocado murieron 37 niñas y el resto sufrió heridas de gravedad luego de que intentaron protestar por los abusos sexuales y físicos que sufrían en este hogar. ¡Son niñas violentadas, no delincuentes!, gritaban unas señoras.