Opinión

Pluma invitada

Paradoja ¿Se vale matar? Solo falta iniciativa de ley

Jaime Córdova Palacios

Jaime Córdova Palacios

La extrema y dantesca violencia que continúa sacudiendo sin misericordia al país no puede seguir así, de ninguna manera. Algo hay que hacer, y pronto.

Urge que los cuerpos de seguridad del Gobierno, con valor, decisión, fuerza y sin contemplación alguna arremetan e invaliden estructuras criminales, capturando o aniquilando a sus líderes o miembros que suponen mantener una guerra abierta contra las autoridades —queda la duda— y tienen de rodillas a las fuerzas de seguridad y, por supuesto, al pueblo indefenso, víctima principal de esta tragedia nacional.

A estos criminales les importa un comino la muerte de guatemaltecos inofensivos: bebés, niños, adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos, hombres y mujeres, ajenos a esta podredumbre humana en considerable cantidad.

Estos delincuentes matan despiadadamente a quienes se oponen a sus macabras fechorías, a quienes por casualidad atraviesan su franja delictiva y son alcanzados por balas perdidas. También por venganzas, enemistades, conflictos delictivos, revanchas o por cualquier cosa.

Cada madrugada y durante el día son golpeados los corazones de guatemaltecos dignos con funestas noticias sobre personas asesinadas, masacradas o descuartizadas en elevada cantidad, en la capital y departamentos. La gente honrada y trabajadora de cualquier nivel social vive alarmada, aterrada y, lo peor, estresada y enferma. Injusta sacudida a quienes salen muy temprano de sus hogares al trabajo y demás compromisos sin saber si regresarán con vida, porque estos antisociales andan sueltos, con absoluta libertad.

El pavor es general, chapines y extranjeros que viven o visitan el país, no salvajes, por supuesto, sufren extremado pavor por tanta criminalidad, inseguridad y violencia que azota al territorio, con riesgo de ser asesinados injustamente en casas o calles.

Los policías cuentan ahora con una iniciativa de ley que los protege en su accionar contra los malhechores. Ojalá sea cumplida, porque en Guatemala no son respetadas las leyes. Deben transitar siempre preparados, “chispudos”, bien armados, pistola en mano, y disparar en cualquier momento contra los criminales; de lo contrario pueden ser mártires. ¿Porqué estos antisociales sí pueden hacer uso de sus armas ilegales de grueso calibre con absoluto libertinaje y no los agentes del orden público? La vida vale mucho. Las policías y el Ministerio Público han hecho excelentes barridas, pero necesitan más elementos y presupuesto.

Lo mismo ocurre a diario con muchos pilotos de autos, motos, camiones, camionetas del servicio colectivo y tréileres que, de manera irresponsable, provocan condenables tragedias humanas al conducir ebrios, de goma, desvelados o drogados, a excesiva velocidad y con abierto abuso. Estos no son sancionados drásticamente, pese a antiguas y recientes normas legales más severas que no cumplen autoridades ni abusadores.

Las autoridades no ordenan aplicar aparatos que fijan velocidades límites en los autobuses, no cancelan licencias de conducir, tampoco imponen multas altas, como está legislado. Hay ausencia de prisión, procesos y condenas, todo se arregla con poder y dinero, pero sin lograr resucitar a los muertos. El día que no se registren percances con muertos y heridos, será noticia insólita.

Disculpen los lectores nuestra insistencia en seguir enfocando este repudiable tema de interés nacional, pero es nuestra obligación, vale la pena. Esta asfixiante situación no puede continuar dañando a los guatemaltecos.