Opinión

Persistencia

Pitágoras y los órficos

Margarita Carrera

Margarita Carrera

Más que un filósofo, Pitágoras de Samos destaca, según noto, como científico y religioso. Hacia el año 500 a. de C., funda una comunidad religiosa que cree en la transmigración de las almas, así como en la práctica de un ascetismo que conduce a su “purificación”.

Como científico descubre que el Universo es esencialmente medido por números. Es así como aporta a la ciencia de los números los elementos de geometría, del mismo modo que los primeros fundamentos de la acústica y de la música. También logra medir el tiempo tomando como punto de partida los movimientos de las estrellas.

Todo ello lo libera de los ataques de aquellos que, según cuenta la leyenda, vieron en él un hechicero o taumaturgo.

Su máxima contribución en el campo de la filosofía consiste en identificar el número como el ser de todas las cosas. Ya “Prometeo de Esquilo” –según nos informa Jaeger– llama al descubrimiento del número “la pieza maestra de la sabiduría creadora de la cultura (...)”. Porque para Pitágoras todo puede reducirse, en última instancia, a número.

En los campos del arte y la educación, Pitágoras descubre la relación de la matemática con la música, la cual se proyecta al campo de la educación del humano en base a la “armonía” y el “ritmo”, porque mediante el concepto matemático de estos dos elementos se llega a penetrar en las leyes que rigen el Universo.

“Es incalculable la influencia de la idea de armonía en todos los aspectos de la vida griega de los tiempos posteriores. Abraza la arquitectura, la poesía y la retórica, la religión y la ética (...)”, afirma Jaeger

Ahora bien, como religioso, Pitágoras está conectado con los “órficos” por su doble creencia en la transmigración de las almas y en su purificación. Al respecto expone Jaeger: “No sabemos cuál era la última conexión entre la especulación matemática y musical y la doctrina de la transmigración de las almas de Pitágoras. El pensamiento filosófico del origen del alma debía proceder del campo de las creencias religiosas. La doctrina análoga de los órficos fue probablemente la fuente de la representación del alma de Pitágoras. Los filósofos posteriores se hallan también más o menos influidos por ella”.

Luego agrega: “El concepto del alma de los órficos fue un paso esencial en el desarrollo de la conciencia humana. Sin él no hubiera sido posible pensar en la concepción platónica y aristotélica de la divinidad del espíritu ni la distinción entre el hombre puramente sensible y el propio yo que constituye su plena vocación (...)”.

Con lo cual se puede explicar cómo las creencias cristianas del mundo occidental conducen a la ceguera a este indiscutible erudito heleno. Al contrario de Jaeger, pienso que sería más exacto asegurar que el concepto del alma de los órficos —que se continúa con Sócrates y Platón y culmina con el cristianismo— se aleja totalmente del estudio de la “psyche” desde el punto de vista científico. No se constituye –es preciso objetar– en un desarrollo de la conciencia, sino en un incremento de la represión vital que empieza a enfermar al hombre al repudiar su “physis” (naturaleza) interna y externa.

El humano es condenado –por tales creencias– a ya no gozar de los bienes innumerables de este mundo, a renunciar a ello con el fin metafísico de alcanzar, después de la muerte, una “vida mejor” en la que se priva al cuerpo y solo gobierna el alma.

Asimismo, se somete al heleno a una serie de “purificaciones” que liberan su conciencia (=alma) del sentimiento de culpa.

margaritacarrera1@gmail.com