Opinión

Ventana

Poner a Guatemala enfrente

Rita María Roesch

Rita María Roesch

El pasado domingo 2 de abril, las declaraciones del comisionado Iván Velásquez, jefe de la Cicig, en el foro de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), nos pararon el pelo a los chapines. Sabíamos de los altos niveles de corrupción, pero su análisis no dejó pie a la imaginación, ¡la cruda realidad la supera! Aunque duele su discurso, agradezco su mensaje claro, directo, sin rodeos. “Nos puso a Guatemala enfrente, tal como es,” agregó el Clarinero. Describió cómo las redes políticas económicas se unieron y se multiplicaron para cooptar al Estado. Cómo las mafias “rediseñaron el sistema” para facilitar la corrupción que explica el nivel de impunidad, más allá del ¡97 por ciento!

La reacción a su lapidaria disertación generó en mí el sentimiento “¡Yo no quisiera ser de aquí!”, como lo expresó Manuel José Arce en su poema magistral. Mantengo muy presente la primera estrofa: “Yo no quisiera estar aquí. Amo, con todo lo que soy, este suelo y su gente. Por eso mismo, sufro de manera atroz. Por eso mismo me duele hasta el aire que pasa. Por eso mismo no quisiera estar aquí”. Nuestra realidad provoca la gana de salir huyendo. Pero ¿a dónde? Otro país como Guatemala no existe para mí. Además, ¡qué infame legado le estaríamos dejando a las jóvenes generaciones! Guatemala vale la pena. Es preciso luchar. Es importante tener presente lo que dijo el comisionado cuando comentó que, en el año 2014, para iniciar su investigación, planteó la hipótesis de cómo las mafias se organizaron para penetrar el Estado y aprovecharse de él. Con “esa luz” y acompañado por la Fiscal Thelma Aldana, jefa del Ministerio Público (MP), iniciaron el descenso a Xibalbá. Con valentía y entereza incursionaron en sus oscuros laberintos y descubrieron los “vínculos entre la política, la corrupción y el lavado de dinero”. Macabras evidencias que han cobrado muertes. De allí los casos como La agüita mágica, IGSS-Pisa, La línea y, el más reciente, el doloroso siniestro en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, donde murieron 41 jovencitas.

Los golpes que la Cicig y MP han asestado a las mafias han sido fuertes, pero la bestia herida se resiste a morir. Así lo expresó el comisionado ese domingo: “Ese gigante herido, esa macroestructura criminal, se resiste a desaparecer. No es una corrupción coyuntural, no es siquiera el afán de riqueza de unas personas; por el contrario, se trata de algo más profundo que pretende mantener el aparato estatal como herramienta para unos pocos”. ¿Cómo es que los guatemaltecos dejamos que se normalizara la corrupción? En mi opinión, porque desde hace años nos ocupamos de nuestras circunstancias particulares y nos olvidamos de Guatemala. El país, con todas sus vulnerabilidades, pasó a ser un horizonte borroso atrás en nuestras mentes. Doy dos ejemplos para aclarar mi reflexión. Uno. Yo tengo una hermosa bouganvilia en mi jardín. Llevé a mi nietecita para que observara uno de sus esplendorosos ramilletes de color fucsia. Le pedí que observara con detenimiento el centro de las flores. Camila se concentró y me dijo que miraba unas florecitas que parecían “estrellitas”. Estoy segura de que a partir de ese momento las bouganvilias formarán parte de su mundo personal. Estarán enfrente. Dos. Durante décadas el MP fue corrupto, hasta que la fiscal Thelma Aldana puso límites y lo sacó de su “invisibilidad”. Y eso es lo que toca ahora con Guatemala. Re- direccionar nuestro sistema con la participación de todos los sectores. Nos llevará tiempo, ¡pero tenemos la oportunidad, no la desperdiciemos! Hay que empezar ahora y dejar de criticar lo bueno que se ha hecho.

clarinerormr@hotmail.com