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EDITORIAL

Postura indiscutible ante la corrupción

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Jimmy Morales

Uno de los más graves problemas de casi la totalidad de los gobernantes es confundir los éxitos electorales con muestras de simpatía imperecederas, lo cual rápidamente se desvanece y no solo empiezan los tropiezos y la imposibilidad de materializar objetivos, sino también la dificultad de hacer una lectura más fiel de los hechos, que son maquillados por los círculos más cercanos de poder.

Guatemala tiene muchos ejemplos de ello y el último en dar muestras de ese divorcio con la realidad, interna y externa, es el presidente Jimmy Morales, quien sigue dando de qué hablar por su enciclopédico desconocimiento de la administración pública y de temas que como estadista debería dominar, y al no lograrlo se exaspera y llega al extremo incluso de perder el control sobre sus reacciones.

Esto es lo que ocurrió el pasado viernes, cuando el periodista Jorge Ramos, de la cadena estadounidense Univisión, le hizo una entrevista al mandatario guatemalteco, en la cual no solo quedó mal parado, sino que mostró puntos vulnerables que como presidente debería asumir sin mayores dudas, por el bien no solo de su administración, sino para la buena marcha del país y de muchas de sus instituciones.

Cuando el periodista mexicano le pregunta si está dispuesto a que le quiten la inmunidad por la tragedia ocurrida en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, el presidente Morales responde que sí, si es que la justicia guatemalteca está dispuesta a “romper órdenes constitucionales o ciertos órdenes democráticos”. Algo muy alejado de la realidad, pues en cualquier caso el sistema de justicia está evaluando una solicitud de antejuicio en contra del presidente y no se vislumbra para nada la más mínima intención de que con esa acción se puedan quebrantar principios constitucionales, mucho menos romper con la institucionalidad, pues si una ley legítima se cumple en las instancias correspondientes, el Estado se fortalece.

Si la denuncia en su contra procediera, su caso debe pasar al Congreso, donde se nombra una comisión pesquisidora, que será la responsable de investigar y determinar si existen suficientes medios de prueba para abrir una investigación judicial sobre la responsabilidad del mandatario en la tragedia del Hogar Seguro, y ni siquiera allí podría hablarse de una intentona para defenestrarlo.

Igualmente imprudente fue su respuesta a la pregunta sobre si consideraba que su hermano y su hijo eran culpables de corrupción, a lo cual el mandatario, en una de sus tradicionales paráfrasis cantinflescas, afirmó que la corrupción actual en Guatemala y el resto de países de Latinoamérica es algo normal, lo que abre la duda sobre sus verdaderas convicciones en torno a una de las plagas más perjudiciales para el desarrollo de cualquier nación.

Otras preguntas las respondió con evasivas o poco dominio temático, pero sobresale la escasa preparación y desinformación con que el gobernante asume los requerimientos de medios internacionales, para los cuales debería estar mejor preparado, sobre todo porque en posturas como el combate de la corrupción no debe existir la menor duda de qué lado de la historia debe colocarse un presidente en funciones, a menos que no tenga claridad sobre el significado constitucional de su investidura.