Opinión

Catalejo

Prefiero no opinar acerca de la embajada

Mario Antonio Sandoval

Mario Antonio Sandoval

Jimmy Morales inaugurará hoy la sede en Jerusalén de la embajada guatemalteca en Israel. Es un hecho sin precedentes y causa entusiasmo en ese país amigo y tan admirable en muchos sentidos, pero a mi juicio es un tema cuyo análisis debe ser sereno y se revertirá hacia quienes lograron ese traslado, viendo el asunto únicamente desde la perspectiva de Israel, sin tomar en cuenta las posibles consecuencias de una medida obligada a un análisis distinto por los guatemaltecos, quienes deben ver las cosas desde la perspectiva nacional y opinar en base a esta.

La motivación de Morales no tiene el fin de mejorar las relaciones con Israel. Es una medida del gobernante para quedar bien con el presidente Trump, dentro de su análisis simplista y primario de cómo funciona el gobierno estadounidense en cuanto a la política exterior. Pronto Israel se dará cuenta de las consecuencias para su imagen en Guatemala, de haberse aliado con un gobierno inmerso en corrupción y dispuesto a eliminar cualquier esfuerzo en contra. La corrupción es perseguida y duramente castigada en la tierra donde se encuentra la mayor presencia espiritual del mundo.

A mi juicio, no hay duda del riesgo actual de los diplomáticos guatemaltecos en países árabes, así como del ataque de extremistas islámicos, solo para castigar a quien es favorable a Israel. Las posibles caudas económicas para los pequeños productores de cardamomo son casi seguras. En cuestiones de dinero, para todo hay explicación. No opino, sino simplemente me limito a señalar algunos hechos importantes. Ojalá todo salga bien para ambas partes, sobre todo para Guatemala, y lo expresado sea comprendido por mis amigos de ascendencia judía y de ascendencia árabe.

Algo sobre diplomacia

Respecto a la acción contra el embajador sueco Anders Kompass, el lunes el vicanciller terminó de demostrar la ignorancia supina del presidente Morales y de la canciller, al anunciar la decisión del gobierno de declararlo persona non grata, lo cual entonces incluye a la embajadora venezolana Elena Salzedo,  pero además pone en solfa a la señora Jovel, quien aseguró varias veces precisamente lo contrario. Los excancilleres Francisco Villagrán de León y Gabriel Orellana explicaron cómo debía haberse hecho: retirar al embajador guatemalteco en los dos países y así obligarlos a ellos a hacer lo mismo.

Haber actuado de esa manera en el caso de Suecia podría significar el fin de la súbita carrera diplomática de quien representa a Guatemala en ese país. Es más evidente la actividad política de la señora Salzedo, y por esto la tarea de ambos debe ser analizada desde la perspectiva diplomática y también desde el criterio de igualdad. Algunos embajadores han sido notorios por la forma despectiva de referencia al país —como también lo ha hecho públicamente el mandatario— sin recibir ninguna protesta, mucho menos declaración de persona non grata.

La diplomacia es un asunto difícil para los embajadores. No pueden decir en realidad su pensamiento. Recuerdo el chiste de la diferencia entre un diplomático y una dama. Cuando el diplomático dice sí, es talvez; cuando dice talvez, es no; si dice no, no es diplomático. Y la dama, cuando dice no, quiere decir tal vez; cuando dice tal vez, es sí; y cuando dice sí, no es dama. Picaresco, pero cierto. Anders sabe de derechos humanos; Salzedo es activista política. Pero Guatemala lo sabía desde antes de darles el beneplácito y por ello era indispensable la sutileza y la aplicación de normas diplomáticas para justificar una astucia, como es el caso en los países con gobiernos serios, entre los cuales no está Guatemala.