Opinión

Tiempo y destino

Privatización encubierta de la educación pública

Luis Morales Chúa

Luis Morales Chúa

Funciona desde hace varios años una entidad denominada Internacional de la Educación (IE), cuyas oficinas centrales están en Bruselas, Bélgica, dedicada a estudiar en profundidad, entre otras muchas cosas acerca de profesores y alumnos, las distintas formas de que se valen personas y empresas para privatizar la educación pública y convertirla en fuente de negocios parecidos a las carnicerías, como lo estima Patricio Meller, chileno, en su libro titulado Universitarios, el problema no es el lucro, es el mercado!

En noviembre de 2006 la IE encomendó un estudio sobre la educación en países en desarrollo —se denomina así a países como Guatemala, atrasados en casi todos los órdenes de la vida nacional— a los especialistas ingleses Stephen Ball y Deborah Youdell, ambos del Instituto de Educación, de la Universidad de Londres. Esta universidad es una de las más antiguas de Inglaterra y entre sus graduados se cuentan 29 científicos que han sido galardonados con el Premio Nobel.

Cito esta fuente lejana, para ilustrar un poco a quienes en nuestro país todavía no se han enterado de los avances en la privatización de la educación pública.

Los profesores Ball y Youdell presentaron el informe de sus investigaciones en el V Congreso Mundial de Educación, celebrado en Berlín, Alemania, en julio de 2007. Está fundamentado en documentos gubernativos, agencias oficiales, instituciones de estudios superiores de varios países y materiales impresos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

El informe puede ser consultado en Internet, de donde tomo parte de los datos aquí expuestos.

Ese informe explica que las políticas educativas de gobiernos nacionales, bajo los dictados que generalmente emanan del Banco Mundial, de organismos internacionales, o por cuenta propia, adoptan tendencias que pueden ser consideradas “formas de privatización de la educación pública”. Algunas se denominan abiertamente políticas de privatización; en otros casos la privatización camina “encubierta” bajo el nombre de reforma educativa. Esto último es lo que sucede en Guatemala.

Hay casos en que se alcanza la privatización con resoluciones oficiales sobre “elección escolar, “responsabilidad”, “mejorar las escuelas”, “descentralización”, “competencia” o “eficacia”, etc.

El ardid en Guatemala ha sido “el mejoramiento en la calidad de la educación” adoptando esquemas que, en el fondo, están encaminados a convertir la educación oficial, gratuita y obligatoria, en una gran empresa de propiedad privada. Y no solo es privatizada la educación sino que también se privatiza la política pública relacionada con la educación.

En pocas palabras la llamada reforma educativa es actualmente una forma encubierta del propósito privatizador, y esto explica el porqué de que fuera uno de los gobiernos guatemaltecos más corruptos en toda la historia nacional, el que emitió un acuerdo ministerial por el que suprimió la carrera de magisterio y la sustituyó por un bachillerato con orientación en educación.

La reforma educativa en Guatemala casi siempre es adornada con literatura artificiosa como esa de que el fin general “es mejorar y elevar los niveles académico y de desempeño del personal docente, técnico, y técnico administrativo, como respuesta a las necesidades y aspiraciones de un país multicultural, pluriétnico, plurilingüe, con desarrollo humano saludable, con paz y democracia”.

¡Y al mismo tiempo es suprimida la formación de maestros de educación primaria y se atenta contra escuelas destinadas a la población maya!