Opinión

Ventana

¿Qué revela el hallazgo del “mux” en TA?

Rita María Roesch

Rita María Roesch

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Mayas

¡Celebro el descubrimiento del “mux”, en idioma mam. En español significa ombligo, y es nada menos que el “punto sagrado”. Es el axis mundi, que refiere simbólicamente la conexión entre el cielo y la Tierra en la milenaria ciudad de Tak’alik Ab’aj, (TA). ¡Está allí desde hace más de 2,500 años! Lamento no haber podido asistir al acto de presentación oficial de este importante hallazgo, que se llevó a cabo en el Parque Arqueológico Nacional de TA, en Retalhuleu, con el apoyo del Ministerio de Cultura y Deportes, la semana pasada. Desde este espacio felicito al diligente equipo de trabajo que realizó la excavación, dirigido por Christa Schieber de Lavarreda y Miguel Orrego Corzo. El descubrimiento del “mux” es clave para completar la historia de TA y para la historia de las culturas precolombinas en la región de Mesoamérica.

De acuerdo con Christa, desde el año pasado buscaban ese “mux”. Es la orientación primigenia. Es un cosmograma de los cuatro puntos cardinales. Apareció en el trazo del Grupo Central en la plaza de la Terraza 3. “Esta terraza”, explica la arqueóloga, “había sido bautizada intuitivamente como Tanmi T’nam (corazón del pueblo, en idioma mam), por Gregorio López, un alcalde de El Asintal, de origen mam, cuando visitó el sitio. Y fue este año, 2017, que encontramos, con una precisión sobrecogedora, este punto sagrado fijado por los antiguos arquitectos para asentar la ciudad”. El “mux” es perfectamente circular. Es una cuenca cortada en el suelo natural de 3 metros de diámetro y 90 cm de profundidad. Fue revestida hasta una altura de 60 cm. con piedra de canto rodado y fragmentos de piedras de moler de borde levantado-cerrado, que es característico del Preclásico Medio (800-250 antes de Cristo). Al centro de esa cuenca se encuentra una gran roca sin labrar. Fue cortada de forma vertical y colocada cuidadosamente sobre piedras cuñas. Esta roca marca el punto donde se cruza el eje astronómico primordial Norte-Sur con el eje perpendicular Este–Oeste, que representa al quinto punto, el centro del cosmograma (la unión del cielo con la Tierra). Un vaso negro con acanaladuras verticales fue colocado ritualmente en el borde oeste de la cuenca. El color negro alude a la caída del sol en la cosmovisión maya. Posteriormente en el borde este de la cuenca, donde nace el sol, colocaron ocho platos que replican, en pequeño otra vez, el cosmograma. La reiteración es común en la idiosincrasia maya.

¿Qué revela el “mux”? Cuando supe de este hallazgo saltó a mi mente una de las primeras preguntas del gran mayista Eric Thompson: “¿Por qué su mentalidad es tan diferente a la nuestra?” Desde mi punto de vista, esa pregunta exige una reflexión filosófica de la cultura maya que espero realizar, pero en este momento señalo brevemente dos puntos. Uno: el maya antiguo no fue una persona que deambuló en una tierra extraña, sin ningún signo de civilización, sin mapas o señales o indicadores. Todo lo contrario, fue capaz de crear una visión del mundo propia que le dio tres logros importantísimos: una explicación del universo, una explicación de la vida y una explicación del sentido de la participación del ser humano en el mundo que le rodeaba. Dos: el “mux” manifiesta una cosmovisión muy diferente a nuestra cultura occidental moderna, “donde sabemos dónde queda el norte pero ya nada nos enseña del universo”, agregó el Clarinero. Tarde o temprano vamos a tener que volver a ver la Tierra como un ser vivo. Entonces la idea de iniciar la construcción de una ciudad desde su ombligo, como en Tak’alik Ab’aj, va a enseñarnos a reconectarnos con la vida.