Opinión

Urbanismo y sociedad

¿Quién gobierna este país?

Alfonso Yurrita

Editorial

Empecemos por el presidente haciendo campaña con el lema “Ni corrupto ni ladrón”. Su primer resbalón tiene lugar cuando solo obtuvo 65% del 50% de votos, mientras la mitad de los electores no votaron. Y con tan solo 11 diputados de su partido FCN-Nación, que tuvo que completar con tránsfugas. Su segundo resbalón fue una campaña delgada en aspectos específicos, respaldado por un partido político fundado por militares que ya empiezan a perder impunidad, cuando el pleno de magistrados de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) resolvió retirar la inmunidad al coronel retirado Édgar Justino Ovalle, diputado de la bancada Frente de Convergencia Nacional (FCN) y secretario del partido.

El tercer resbalón es cuando los planes gubernamentales quedan en manos de estos diputados de la corrupción. Lo que indica que su mensaje anticorrupción no era muy claro y empieza a desgastarlo. Aparte de su carrera en la televisión, los votantes sabían poco sobre él. Pero la política es algo serio, no es ninguna broma y entró en conflicto con la prensa cuando expresó: “Voy a hablar con quien deba hablar y de lo que deba hablar con cada quien”. Cuarto resbalón. Su plataforma política era poco concreta con frases como “No tengo una varita mágica”; “No tengo nada más que un gran corazón henchido de amor por este país”. Pero esto no dice nada de sus capacidades para resolver los graves problemas para dirigir nuestro país sumido en conflictos graves. Con apoyo de miembros de la élite empresarial que le dieron su apoyo, incluyendo Angel González, el mexicano dueño del monopolio de cuatro canales de televisión abierta de Guatemala. Y es así como llega como ministro de Finanzas Héctor Estrada, exdirector de Nadie, ahora asesor privado de la Agencia Nacional de Alianzas que apoya a entidades públicas a estructurar y contratar proyectos de infraestructura económica, bajo la modalidad de Alianza Público Privada (APP), utilizando los bienes del Estado.

Su quinto resbalón fue cuando la fiscal general, Thelma Aldana, confirmó la detención de Samuel Morales, hermano del mandatario, y su hijo José Morales, vinculados con el caso Botín del Registro de la Propiedad, a quienes les puso arresto domiciliario, y entra en conflicto con el Ministerio Público y la Cicig de Velásquez. El sexto resbalón son las 40 niñas muertas en un incendio en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, de la Secretaría de Bienestar Social. Y como es su costumbre, el presidente actúa desfasado y despide a los funcionarios de su confianza de esa secretaría y la Procuraduría, capturan a Carlos Rodas, exsecretario de Bienestar Social que gozaba de dos puestos, pero no lo amparó la Sala de Apelaciones; Anahy Keller, subsecretaria; y Santos Torres, exdirector del Hogar. Los niños y adolescentes del Hogar Seguro Virgen de la Asunción eran víctimas de tortura física, psicológica y sexual, afirmó la relatora Silvia Villalta. El Séptimo resbalón del presidente son sus acostumbrados discursos sin contenido, cuando dijo que solicitará una asistencia al FBI. Quizás esconde un resentimiento contra la fiscal general y a la Cicig, por las intervenciones en casos de su familia, pues Thelma Aldana dice que no necesitan esa ayuda.

El octavo resbalón se da cuando el procurador de los Derechos Humanos entra en un conflicto con los miembros del Congreso al expresar: “Estamos ante un Estado que no da respuestas, es un Estado fallido”, en una rueda de prensa. Señaló al sistema como el responsable de la problemática actual que atraviesa la niñez y la adolescencia. El mismo presidente desconoce el mandato del procurador, que es fiscalizar la administración pública, y dijo: “Este Estado no funciona”.

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