Opinión

Tierra nuestra

Razones para creer en un mejor país

Manuel Villacorta

Manuel Villacorta

Antonio Gramsci expresó que “al pesimismo de la razón, debe enfrentársele con el optimismo de la voluntad”. Frase que resume la existencia de un estado determinado y desfavorable, pero que latente está la posibilidad de transformarlo en positivo. La realidad de Guatemala para muchos es desfavorable, pero no por ello debemos renunciar al compromiso ineludible que todos tenemos de participar para transformarla y lograr los cambios que tanto nos urgen. Ya no es necesario describir tantos indicadores socioeconómicos negativos, se trata de plantear razones y estrategias para superarnos. La mejor noticia es que nuestro país tiene recursos y posibilidades para asegurar un mejor futuro para todos.

Hacemos frontera con el mercado de producción y consumo más grande del mundo (Canadá, EE. UU. y México). Tenemos acceso y salida a los dos océanos más importantes del globo. Contamos con 40 mil kilómetros cuadrados de tierra fértil capaz de asegurarnos una producción agrícola envidiable. La riqueza histórica, tanto científica como material de la antigua civilización maya, nos ha dotado de un recurso inigualable para alcanzar uno de los movimientos turísticos más cualitativos de América Latina. Poseemos miles de variedades animales, vegetales y minerales que apuntalan nuestra prodigiosa biodiversidad. Tenemos lo que hoy se denomina como bono poblacional, millones de jóvenes deseosos de formarse y de trabajar arduamente. Las comunicaciones electrónicas se han diseminado en todo el país operando con excelente funcionalidad. Tenemos una red hídrica capaz de crear energía limpia a través de hidroeléctricas, que incluso superará la demanda nacional para exportarla a países vecinos.

Por todo lo anterior conviene preguntarnos: ¿Por qué entonces Guatemala presenta este cuadro socioeconómico tan adverso? La respuesta es simple: porque el Estado y las instituciones que lo conforman jamás han cumplido con sus atribuciones, porque la ineficiencia, la corrupción y la cooptación han sido las manifestaciones latentes que secuestraron la esperanza de millones de guatemaltecos. Por ello nunca hemos tenido políticas públicas sustentadas y exitosas en áreas como la salud, la educación, la seguridad y la inversión social. El Estado en Guatemala ha sido un estado fallido para las grandes mayorías, pero muy exitoso para las diversas mafias político-económicas, que diseñaron el más asombroso modelo de extracción y corrupción de la región.

Para alcanzar el cambio que reclamamos, a los pródigos recursos que poseemos debemos sumarles un nuevo liderazgo político y una nueva organización social mucho más exigente y participativa. Luego completar dos desafíos: 1. Exterminar esa mafia político-económica que secuestró las instituciones públicas. 2. Implementar un nuevo proyecto gubernativo basado en la capacidad, la honestidad y el compromiso irrenunciable a priorizar siempre el bien común. Apuntalo lo anterior expresando que sí creo en la existencia de líderes nacionales, lo que ocurre es que este sistema perverso imposibilita la creación de instituciones independientes.

Teniendo claros los aspectos anteriores, el surgimiento de la nueva Guatemala depende de la decisión y el compromiso que todos asumamos, el cual deberá ser inmediato, decidido e incondicional. Guatemala no es un caso perdido, Guatemala tiene toda posibilidad de ser uno de los más prósperos países de América Latina. Enfrentar a la partidocracia corrupta no será fácil, pero con la voluntad popular podrá lograrse. Los guatemaltecos merecemos un cambio y debemos luchar sin tregua hasta conquistarlo.

manuelvillacorta@yahoo.com