PLUMA INVITADA

Reforzar la certidumbre doméstica en el Istmo

Humberto Lopez

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Como cada enero, en el Grupo Banco Mundial publicamos recientemente el informe Perspectivas Económicas Mundiales (GEP), donde se presentan las previsiones de crecimiento económico para el próximo trienio. El reporte destaca aspectos importantes como que se espera una aceleración del crecimiento del PIB de la economía global en 2017 hasta 2.7%, lo cual representa una mejora respecto del 2.3% registrado en 2016.

Las perspectivas para Latinoamérica también son positivas. Según el informe, tras dos años de recesión, la región crecerá nuevamente en 2017, una mejora que se consolidará en 2018 y 2019. Centroamérica, por su parte, continuará con un crecimiento sólido, por encima del promedio latinoamericano, y con tres países (Panamá, Nicaragua y Costa Rica) entre los que más crecerán de la región este año, con 5.4%, 4% y 3.9%, respectivamente.

Más allá de las perspectivas económicas, el GEP destaca este año otro tema importante: las proyecciones presentadas tienen un sesgo a la baja debido a la incertidumbre global, derivada de la orientación de las políticas de las principales economías. Concretamente, el Banco Mundial estima que un período prolongado de incertidumbre podría llevar a importantes reducciones del crecimiento de la inversión en los países emergentes en general y en Latinoamérica en concreto. Esto resulta particularmente importante si se tiene en cuenta que una de las causas identificadas para explicar las bajas tasas de crecimiento de la economía global en 2016 ha sido la debilidad de la inversión.

Ahora bien, ¿qué implicaciones tiene esto para Centroamérica? La principal es que para compensar la incertidumbre global, los países del Istmo tendrán que definir más que nunca sus programas de gobierno fomentando la certidumbre, algo particularmente importante, teniendo en cuenta las vulnerabilidades que existen en materia económica, social y medioambiental.

Ejemplo de reto económico es la delicada situación fiscal de Costa Rica y El Salvador, debida en parte a la evolución de la deuda pública, y que demandará programas de consolidación fiscal que garanticen la sostenibilidad de las finanzas públicas. Para ello será necesario lograr amplios acuerdos políticos que faciliten una solución consensuada en ambos países. De lo contrario no debería sorprendernos que los mercados muestren cierta preocupación y que agencias calificadoras de riesgo como Standard & Poors les hayan asignado calificaciones (BB- a Costa Rica y B- a El Salvador) que enfatizan la incertidumbre económica en ambos países, y otorgado perspectivas negativas a dichas calificaciones.

En materia social, el reto seguirá siendo cómo lograr reducir la pobreza y la desigualdad en países con tasas particularmente altas, como Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua. Según una serie de trabajos recientes del Banco Mundial, los altos niveles de desigualdad, como los prevalentes en Centroamérica, afectan negativamente la sostenibilidad del crecimiento económico, convirtiéndose así en un obstáculo a la reducción de la pobreza. Más allá de las consecuencias económicas, la pobreza y la desigualdad generan malestar, preocupación e incertidumbre entre la población.

Por último, como mencionamos, Centroamérica presenta también vulnerabilidades medioambientales importantes. De hecho, según el WorldRiskIndex, cuatro países de la región (Guatemala, Honduras, Nicaragua y Costa Rica) están situados en la parte más alta del ranquin de riesgos. A ello tenemos que sumarle las consecuencias del cambio climático, que sabemos que irán en aumento, lo cual lo convierte en una prioridad a la hora de definir políticas de desarrollo.

En el Banco Mundial consideramos que estas vulnerabilidades deben requerir la atención de los gobiernos, independientemente del nivel de incertidumbre global. Asimismo, reconocemos que los países ya están realizando esfuerzos y logrando éxitos a favor del desarrollo en temas tan complejos como los mencionados.

Sin embargo, y debido a la situación de incertidumbre global, consideramos que hoy es más urgente que nunca reducir la incertidumbre doméstica. Como ya hemos venido haciendo, en el Banco Mundial seguiremos acompañando a los países a través de asistencia técnica y financiera para lograr este objetivo y que todos los centroamericanos puedan optar a un mejor futuro.

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