Opinión

Economía para todos

Reglas para ser empresas transparentes

José Molina Calderón

José Molina Calderón

Con motivo del bicentenario de la Independencia de Guatemala 1821-2021, se examina la experiencia de la transparencia en la lucha contra la corrupción.

La Lección Inaugural 2018 en la Universidad del Istmo de Guatemala, por la Dra. Reyes Calderón Cuadrado lleva por título La Experiencia de la Transparencia. El Rol de las Empresas y la Industria en la Lucha contra la Corrupción. Este tema fue muy oportuno tratarlo en Guatemala. Seguidamente un extracto de la misma.

Ser íntegro es siempre difícil, pero resulta casi imposible cuando se está solo o aislado. En un ambiente falto de ética, vivir la transparencia como miembro de una comunidad empresarial resulta más sencillo y mucho más eficiente. El diccionario define comunidad como el conjunto de personas que viven bajo ciertas reglas o tienen los mismos intereses. Hay comunidades de propietarios; comunidades religiosas; universidades, que no dejan de ser comunidades de alumnos y profesores que tienen el saber como interés común. En esa línea, podríamos llegar a hablar de una comunidad de la transparencia, es decir, de la colección de empresas que se adhiere voluntariamente a unas normas, altos y medibles estándares de integridad, y que comparte un mismo interés: hacer negocios limpios en beneficio de todos.

Si las comunidades empresariales de un país, reunidas por sectores, tamaños, etc., logran colaborar estratégicamente para obtener el beneficio común que significa operar en un ambiente de transparencia; si logran fundar clubes o comunidades de transparencia, el nudo gordiano de la corrupción se deshará solo.

Les pido permiso para animarles a formar su propio y selecto club de la transparencia, cuyos estatutos podrían ser tan sencillos y, al mismo tiempo, tan exigentes como los siguientes:

Regla número 1: El club surge de la existencia de un propósito común, la decidida convicción de hacer un juego limpio allá donde estemos, y de una convicción: la fuerza y el poder que dan trabajar juntos.

Regla número 2: Jugar limpio no tiene una definición precisa, por ello debemos conversar mucho. Emplear la comunicación como medio para pensar en grupo y encontrar sinergias en las soluciones.

Regla número 3: En tanto el fin social es lograr un desempeño excepcional en el juego limpio, deben describirse con detalle los requisitos de acceso y los motivos de expulsión, para el caso en el que el socio demuestre con hechos su falta de alineamiento. El club debe tener una puerta de entrada muy estrecha y una de salida muy ancha.

Regla número 4: Un club de miembros diversos debe esforzarse por superar los motivos para la discordia o el conflicto que seguro surgirán como hemos hecho siempre: con confianza, respeto, cortesía y una buena dosis de entendimiento.

Regla número 5: Todo equipo requiere de un líder aceptado, capaz de mantener compromisos, atraer nuevos socios y propiciar conversaciones. Lograr las reglas anteriores, comienza por esta.

Cuando en 1999, en el marco del World Economic Forum de Davos, el secretario general de la ONU, Kofi Annan, presentó su iniciativa internacional de implantar 10 principios básicos de conducta y acción en materia de derechos humanos, trabajo, medioambiente y lucha contra la corrupción, en la estrategia y las operaciones diarias de la empresa, muchos pensaron que era una bonita forma de mostrar al mundo la cara amable del poder empresarial. No se dieron cuenta de que algunos de los empresarios presentes en ese foro estaban dispuestos a asumir el reto… ¿Por qué no dar otro paso? ¿Por qué no hacerlo también en Guatemala?