Opinión

familias en paz

Relaciones y correlaciones

Rolando de Paz Barrientos

Rolando de Paz Barrientos

Existe una clara correlación entre la economía de la nación y el desarrollo familiar. Hay un principio que indica que si una verdad no funciona en casa, entonces no es verdad. De hecho el origen etimológico de la palabra economía es el griego “oikos” que significa “administración de la casa, del hogar”.

Fuimos creados para administrar la creación, diseñados para ser productivos, dotados de vocaciones para crear valor. Para cumplir esta misión es necesario tener una clara comprensión del trabajo y la economía, para no estar subyugados a un concepto limitado en la creatividad o desarrollo de nuestro potencial. Encontramos en las Escrituras principios que nos enseñan a planificar, analizar, diseñar e implementar objetivos estratégicos para el desarrollo individual, familiar y social.

La mejor manera de desarrollar una nación es a través de la familia, es de hecho la unidad básica para generar bienes. Si como padres pensamos egoístamente, nuestro énfasis estará en nuestra propia satisfacción, sin importar que acabemos con los bienes que mañana servirán a las nuevas generaciones. Lo contrario ocurre cuando amamos a nuestros hijos, porque nuestras decisiones económicas, perspectiva del trabajo y hábitos de consumo no se basarán en la satisfacción inmediata o en la adquisición de deudas, sino en generar un patrimonio que les permita alcanzar mayores y mejores objetivos.

Hay factores que afectan a las familias, con repercusiones negativas de alto impacto en la economía del hogar: la infidelidad, la paternidad irresponsable, el divorcio, el aborto, la pornografía y el consumo de estupefacientes, limitan de manera directa la tasa de ahorro y aumentando el nivel de deuda. De manera que existe una relación directa entre la ética y los asuntos económicos, pues donde está nuestro tesoro allí estará nuestro corazón. Las decisiones que tomemos en el ámbito laboral, empresarial o económico reflejarán los valores de nuestro corazón.

La economía de un país no es impulsada por el consumismo y la deuda, sino por el ahorro y la inversión de las familias. La mayor riqueza de la nación está en el carácter de sus habitantes. Es en el contexto familiar donde el individuo desarrolla habilidades que le permitirán manejar sabiamente las cosas materiales, retenerlas y trasladarlas generacionalmente.

¿Puede un hombre demostrar el amor hacia sus hijos mediante una mala administración de los recursos que se le han confiado? Creo que no. Si la cultura de una nación está enfocada en gastarlo todo, entonces los planes de gobierno serán a conveniencia, carentes de una proyección a largo plazo, marcados por la nula inversión en investigación y desarrollo del recurso humano, con políticas fiscales que no estimulen la inversión social. Poco le importará la unidad familiar.

Se requiere de cada individuo desarrollar pensamiento estratégico, un fuerte arraigo con la familia y compromiso con el desarrollo generacional. Aprendamos a superar el egoísmo, desechando el consumismo sustituyéndolo por el ahorro y la inversión.