Opinión

LA BUENA NOTICIA

Religión universal

Mario Alberto Molina

Mario Alberto Molina

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Perdón Religión

Jesús creció y se crio en Nazaret. Al llegar a su madurez viajó al sur, donde predicaba Juan el Bautista, se hizo bautizar por él y permaneció algún tiempo en esa región. Pero cuando Herodes encarceló a Juan, tomó la decisión de volver a Galilea. En vez de quedarse en su aldea de Nazaret, se trasladó a la ciudad de Cafarnaúm. Para el evangelista san Mateo esa decisión tuvo un significado. En Cafarnaúm habitaban no solo judíos, sino también gentiles. Así manifestaba Jesús que su misión y su mensaje se dirigían no solo a los judíos, sino también a los hombres y mujeres del mundo entero.

¿Por qué es Jesús salvador para toda la humanidad? ¿Qué hace del cristianismo una religión universal? Las religiones han surgido vinculadas a una cultura, a un pueblo. Sin embargo en el monoteísmo judío hay una semilla de universalidad. Si hay un solo Dios creador de todo, ese Dios tiene que ser también el de todos los pueblos. Jesús recibió esa herencia de la fe judía. Pero la universalidad del cristianismo se funda también en el hecho de que Jesús ofreció respuesta a dos cuestionamientos universales: el pecado y la muerte.

La muerte socava el sentido de la vida. ¿Para qué vivir si tengo que morir? ¿Por qué esforzarme por vivir con rectitud y de manera constructiva, si al final todo queda reducido a la nada? Por otra parte, las decisiones equivocadas hipotecan el futuro de la existencia de quien las toma. ¿Puedo enderezar el rumbo de mi vida cuando me doy cuenta de que he tomado decisiones equivocadas? ¿Sigue teniendo valor mi existencia si he perpetrado el mal con mis acciones? ¿Hay algún modo de comenzar de nuevo como si mi pasado no existiera? Jesús anunció que el perdón de Dios existe y da al pecador la posibilidad de arrepentirse y comenzar de nuevo. Jesús también resucitó de entre los muertos. Así venció en sí mismo la muerte y comparte esa victoria con quienes se adhieren a él por la fe y los sacramentos. De ese modo los creyentes tienen la esperanza de que su vida no acaba con la muerte, sino en la plenitud del mismo Dios. Donde haya un ser humano, allí habrá experiencia del pecado y de la muerte. Por eso Jesús y su obra salvadora son pertinentes a todos los hombres y mujeres del mundo.

De modo positivo, Jesús también enseña cuáles son las acciones que en vez de destruirnos y de destruir a los demás, nos construyen como personas y construyen nuestra sociedad. Si hemos sido librados del error y del pecado, debemos aprender a utilizar rectamente la libertad. Por eso enseña los mandamientos y la ley del amor a Dios y al prójimo. Por otra parte, al darnos la esperanza de la vida eterna con la cual superamos el temor a la muerte, Jesús también enseña a valorar a cada persona, al considerar la vocación de eternidad a la que está llamada. Jesús enseña a convertir la esperanza de vida eterna en motivación para proteger, impulsar, cuidar la vida en nosotros mismos, en nuestro prójimo e incluso en la misma creación.