Opinión

La buena noticia

Rey misericordioso

Víctor Hugo Palma Paul

Víctor Hugo Palma Paul

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Iglesia Catolica Perdón

Culmina hoy el Jubileo Extraordinario de la Misericordia, verdadero regalo del Papa Francisco no solo a la Iglesia Católica, sino a todos aquellos hombres y mujeres, pueblos e instancias sociales y culturales abiertos al hermoso “campo de la misericordia”: rostro del Padre revelado por Jesucristo, pero también característica de los espíritus nobles de todos los tiempos y culturas, al decir de Quilón de Esparta, uno de los siete sabios de Grecia (s. IV a.C.): “Si eres fuerte, sé también misericordioso, de forma que tus vecinos puedan respetarte y no sólo temerte.”.

El riquísimo recorrido de este año se corona hoy con la buena noticia, cuando “reinando en la cruz” Jesús de Nazaret condenado injustamente, objeto de las burlas de quienes no comprenden su cercanía a los pecadores, obra el último acto de su ser “rey misericordioso”: perdona y hace entrar en su reino al “buen ladrón” cumpliendo su misión de reconciliación que poco después intensifica más pidiendo respecto de sus verdugos: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34). Ciclo marcado por miles de acciones diocesanas, parroquiales, familiares por doquier, y por gestos del Papa Francisco hacia los “excluidos y empobrecidos” material y espiritualmente: los presos, los golpeados por el drama de la migración mundial, los enfermos, etc.: todos aquellos en fin, que tienen un lugar en la mirada acogedora y cercana de Dios mientras la sociedad, o no los ve o los reduce a cifras de pobreza, de subdesarrollo, de desempleo, etc.

Así, el fruto mayor de este Año es sin duda el “recolocar la viga maestra del edificio de la Iglesia”, la misericordia, pero también el haberse percibido en todas las áreas de la vida humana social, económica y espiritual que “hay un Dios capaz de abajarse en su Hijo” al drama humano del dolor, haciendo posible en su “ser justo” el regalo del perdón como bien definía Tomás de Aquino (1,224-1,274): “La justicia sin misericordia, es crueldad”. A los jóvenes especialmente decía el Papa Francisco: “¡Cómo es difícil muchas veces perdonar! Y, sin embargo, el perdón es el instrumento puesto en nuestras frágiles manos para alcanzar la serenidad del corazón. Dejar caer el rencor, la rabia, la violencia y la venganza son condiciones necesarias para vivir felices” (Jornada Mundial, Polonia, 2016).

Sin cerrar la “puerta de la misericordia” en Guatemala, sino más bien manteniéndola abierta, queda ella como “tarea pendiente” de una Iglesia en salida para la sensibilización ante el drama ecológico, de violencia social, de comprensión confusa de la naturaleza humana. Ante esos campos habrá que ser siempre “misioneros de la misericordia”.

Bienvenidos los Obispos centroamericanos, quienes celebran acá esta semana su Asamblea Anual: el Señor les conceda ser siempre “pastores misericordiosos” de Iglesias y países hermanos, y extender entre nosotros el reino de Aquel que aún en la cruz perdonó y reveló la intimidad de un Dios “cuyo nombre es misericordia”.