Opinión

Catalejo

Riesgos para los Álvaros papá e hijo

Mario Antonio Sandoval

Mario Antonio Sandoval

La semana pasada se afianzó la única dinastía política de la historia guatemalteca, al   ser electa —no reelecta, porque la anterior elección había sido anulada por la Corte de Constitucionalidad—. La primera visión coloca a los Álvaros Arzú, padre e hijo, como presidente de facto del país y presidente del Congreso, respectivamente, lo cual en teoría le otorga fuerza y pone al Organismo Legislativo a merced de la voluntad atrabiliaria de quien basa su poder en dos columnas cuya solidez puede ser menos fuerte en la realidad, como consecuencia de depender para su subsistencia de factores ajenos a la certeza jurídica y la consistencia política. Ambos se pueden convertir en esclavos de ese pensamiento políticamente tiranosaurio.

La efectividad del trabajo de Alvarito hijo dependerá de la voluntad de los grupos y diputados oficialistas, donde el transfuguismo es la regla. Si no obedece las exigencias de ellos, incluyendo la junta directiva, su presidencia no solo será pintoresca sino tampoco podrá lograr resultados, los cuales vendrán si y solo si papá está dispuesto a sacar la chequera —ojalá propia— o de pagar con toda clase de dádivas y de acciones inmorales e ilegales la permanencia y la efectividad de su descendiente. De otra forma, no puede: la fuerza política arzuista dentro del Congreso se resume a un diputado, Alvarito hijo, una especie de corderillo con columpio entre la asociación de lobos feroces. Su edad es de pocos años más de la de mi nieto mayor. Es patojo, pues.

Pero no solo es el único riesgo. A causa de la impopularidad de Álvaro-papá como consecuencia de su manera innata de ser, sus actuales aliados pueden decidir ganar simpatías por medio de lanzarle andanadas, tanto de frente como por la espalda, sin posibilidad de una defensa de su príncipe heredero. Quien se alía con don Satanás, debe saber: este exigirá reciprocidad cuando a él le convenga, y es evidente la memoria prodigiosa de este personaje, a quien la tradición guatemalteca quema todos los siete de diciembre. El error de Álvaro-papá es explicable porque muchas veces se olvida de tomar en cuenta posibilidades y hechos muy cercanos y evidentes. Su análisis lo realiza un grupo de gente con igual pensamiento afectado por el hígado.

La alianza, entonces, se mantendrá mientras haya dinero, o le sea conveniente a los otros. Como los políticos solo ven el derecho de su nariz, en el momento de necesitar un cambio en la percepción de los votantes, no dudarán un momento en abandonar a su suerte a Alvarito hijo, su papá y el partido Unionista, si a este se le puede llamar así. No se puede dejar de mencionar el descaro de los políticos: en la planilla opositora, a sus integrantes no se les ocurrió idea más brillante que colocar como vocero a uno de los diputados de peor imagen de toda la bancada de la UNE, es decir Orlando Blanco. De ocurrir un aumento de los diputados unioninistas, solo por la vía de la compra, pronto se repetiría lo ocurrido con quienes se adhirieron hace algunos años.

Arzú-papá se siente al mando tácito de la presidencia, vía la actitud de marioneta con la cual actúa con Jimmy Morales, en teoría presidente del país, y también vía de imposición paterna con el políticamente mancebo Alvarito hijo, pero su fortaleza es menor de la aparente. Al heredero le pueden salir ínfulas de independencia, por orgullo o malas asesorías, pero esto en realidad es muy poco probable. A los oficialistas les puede renacer la comezón en la cartera o el deseo de independencia cuando se acerque el cese del reinado del alcalde capitalino. Y eso ocurrirá cuando los errores derivados de la prepotencia y el temor de ser juzgado hayan hecho disminuir aún más a sus seguidores, cuyo número desciende en la medida de la toma de conciencia ciudadana.