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EDITORIAL

Rotundo rechazo a ataques absurdos

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El presidente Jimmy Morales incurrió ayer en un nuevo exabrupto, al declarar que los medios de comunicación son los responsables de los rumores de golpe de Estado, cuando solo él puede ser responsabilizado de esa declaración, sobre la que además dijo que tenía fundamentos.

Esa afirmación no solo linda en el ridículo, sino pone en tela de juicio la capacidad intelectual del mandatario para entender hasta dónde llegan las consecuencias de su hábito de hablar lo primero que se le ocurre, práctica por la cual ha recibido muchas y merecidas críticas desde el inicio de su gestión.

Resulta patético comprobar que el gobernante no recuerde, ni que se lo haya recordado su mediocre equipo de asesores de comunicación social, que esas declaraciones suyas fueron grabadas en video y su divulgación fue realizada por los medios independientes del país. Fue tan grave el patinazo, que ninguno de los miembros del Gabinete quiso comentarlas, y solo el ministro de la Defensa asumió una actitud de pedir la comprensión popular y considerar al mandatario como un ser humano falible, que por ello se equivoca.

Este nuevo eslabón a la cadena de errores causados por la evidente poca preparación del presidente acarreará un verdadero dolor de cabeza a quienes tienen la imposible labor de tratar de explicar o defender sus criterios. Las informaciones que serán divulgadas en los medios informativos internacionales solo ratificarán la lamentable realidad de la situación del poder Ejecutivo del país.

Se ha llegado al extremo de que hasta los diputados de su propio partido, casi todos tránsfugas y figuras muy discutibles y nefastas, han tomado la decisión de no tomarlo en cuenta, tema del cual se ha comentado mucho.

Ante esta triste realidad, se impone hacer un llamado de atención a quien llegó al poder como resultado del voto en contra de su contrincante en la segunda vuelta. Si haber hablado como lo hizo hace días era ejemplo de incapacidad, haber decidido hacer los señalamientos de ayer es el colmo.

En vez de guardar prudente y obligado silencio y admitir la clara magnitud de su error, decidió buscar un culpable. Obviamente, también lo hizo sin indicarle a su equipo que tenía la idea de semejante acción, que por ello obliga a quienes lo integran solicitarle una reunión, con el fin de ponerle el marco de acción de las declaraciones presidenciales. Esto debe referirse no solo en su forma —porque deben ser leídas, nunca improvisadas—, sino en los gestos y muecas con las que también, por infortunio, acompaña casi todas sus intervenciones, que por ello hacen recordar su larga etapa de comediante dentro del monopolio mexicano de la televisión.

Ciertamente corren aires norteños con ataques y descalificaciones a la Prensa, pero imprudente es imitarlos. Los medios de comunicación no tienen entre sus fines proteger a los funcionarios públicos de sus propios errores y la población tiene el derecho de ser informada de lo que hacen y declaran los personajes políticos. Si sigue echando culpas a otros, en vez de admitir sus gruesos errores, Jimmy Morales solo confirmará el error popular de haberlo electo, simplemente por ser la opción menos mala.